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martes, 28 de julio de 2026

Esegé - Parsley

A Segundo García González, más conocido como "Esegé" (Balazote, Ab. 1958 - Sant Feliu de Llobregat, B. 2021), le encasillo en una categoría que, en honor a su preferencia por los acrónimos, voy a llamar Tegefebé, o Too Good For Bruguera. Tal cual acuño el término me doy cuenta de que es injusto, porque dibujantes que podían estar haciendo (e hicieron) cosas mejores que rellenar Mortadelos había muchísimos. Empezando por el que dibujaba a Mortadelo. Y el que lo firmaba. Pero Esegé es de los dibujantes que destacan desde el mismo relleno, que no condescienden a la sencillez. Su dibujo es sospechosamente detallista; su guion, a menudo ambicioso. Sus páginas no eran series serias, pero a mi yo infantil le suscitaban un respeto parecido. "Caramba", pensaba, porque era niño y aún no decía hostiaputa. "Esta página pide ser leída con calma." Y entonces no la leía. 

Intento explicar esa temprana impresión poniéndome en modo historiador. Hay en Bruguera —no desde sus albores, pero sí, diría, durante la mayor parte de su existencia— un anhelo por el dibujo guay. "Guay" era, para entendernos, el cómic franco-belga: un mercado de kioscos atiborrados de revistas de cómics, como el español de entonces, pero que molaban mil veces más. No es autodesprecio, don Arturo; es lo que hay. La escuela de Marcinelle (Jijé, Franquin, Morris, Will) es como la escuela Bruguera de allí, pero sin oler a cartilla de racionamiento. Y los editores de aquí, que miraban a Europa, lo sabían. Cuando en 1970 fundan la revista Mortadelo, el referente es la francesa Pilote. Para el relleno, importan a Astérix y al Teniente Blueberry. Y es difícil sobreestimar lo mucho que El sulfato atómico (1969), primer largo de F. Ibáñez, debe a  Spirou. De algún modo, el norte magnético de nuestros tebeos siempre estuvo al norte de los Pirineos.

Pero la herencia histórica pesaba mucho. El lenguaje gráfico brugueril, condicionado por la escasez y la censura, no casaba con la sofisticación de Hergé o de Uderzo. Cuyas licencias de publicación en España, imagino, no debían de ser baratas. Ibáñez, además, se cansó enseguida de ese estilo que él llamaba "muchas arruguitas", y en una decisión que haría orgullosos a los Superbruguerones, optó por más páginas, menos curradas. Las series serias, casi siempre de importación, cubrían de algún modo ese nicho del dibujo elaborado, aunque sus autores fueran cada vez más oscuros, y el dibujo en sí, no por realista más memorable. Pero la voluntad de incluir en el relleno algo que pudiera competir gráficamente con Los pitufos y Lucky Luke nunca murió del todo. Y ahí, creo, es donde entraba Esegé.

Neronius, en Súper Mortadelo, 1982. Dibujo de Esegé, guion de Jesús de Cos. Parece probable que los personajes de la segunda viñeta sean caricaturas, pero no sé de quién.

Esegé debuta en TBO en 1977 y da el salto a Bruguera en 1981. Su primera serie, Neronius, tiene una historia bastante única: creada en 1978 por el guionista belga Christian Blareau y el dibujante francés Pierre Guilmard con el título Résidus, tyran de Rome, se publicó en la revista Tintin, donde no duró ni un año. Mejor acogida tuvo en Mortadelo, donde se publicaron las páginas de Blareau y Guilmard y a continuación unas cuantas más, hechas en casa. Esegé, artista manchego de esmerada tinta francesa, fue el elegido para dibujarlas. Jesús de Cos y Armando Matías Guiu, a quienes ya conocemos por The Mogollon News, firmaron algunos de los guiones. Quizá era la forma de tener cómic francobelga en la revista sin pagar licencias. O quizá era un intento de francobelguizar el cómic español cuando el modelo de tebeo patrio empezaba a hacer aguas. ¿Funcionó? Pues un momento, que miro los informes financieros de Bruguera en los años ochenta y... Oh. Uf. Caramba. Hostiaputa, incluso.

Afortunadamente, no todo se fue a la mierda con Bruguera. En alguna ocasión he comentado mi teoría de que la cabecera Zipi y Zape, sobre todo en la época de Ediciones B, parecía dirigirse a un público más femenino. Tal vez "femenino" no sea la palabra; digamos más sensible. Mientras que en Mortadelo imperan el slapstick de Ibáñez y la creciente transgresión de Cera y Ramis, el tono de Zipi y Zape es más naíf, más pausado, y más abierto a estilos cada vez más alejados del bruguerismo y el ibañecismo. En Zipi y Zape cabe el Jaume Rovira más maduro y más tierno, el de Cinco Amiguetes, Piluca, Pablito. Cabe el Robin Robot de Sanchís. Cabe Snack, de Nin. Y cabe Parsley, de Esegé. Los Too Good For Bruguera encontraron en B un pequeño espacio donde intentar brillar, siempre desde la posición de rellenadores.

Que Parsley sea el personaje que he escogido para hablar de Esegé se debe a una mera conjunción de material que me ha caído en las manos. No sé si es su serie más recordable, pero sí me ha parecido la más representativa; más que Neronius, que no creó él, y cuya ambientación romana es excepcional. A Esegé le tira más el rollo medieval, como representa otra serie suya, Los alquimistas (ca. 1988) de la que Parsley es quizá una evolución. Ambas series transcurren en el castillo de un monarca rechoncho rodeado de asesores con pocas luces. Parsley, sin embargo, aporta la novedad de un protagonista simpático, listo y buena persona. El joven bufón de capirote verde (su nombre significa perejil en inglés) provoca algún que otro desaguisado en el castillo del rey Smack, pero también arregla los de los demás. Un niño bueno, en definitiva. No había tantos en Bruguera/B. Y estoy contando a Zipi y Zape.

Otra serie de aire fantástico: Los kokitos, en Súper Zipi y Zape de 1988.

También Parsley me parece su serie más interesante (nuevamente, basándome en mi colección fragmentaria) por la historieta episódica de arriba, que evidencia un guion bastante elaborado. Esa es de 1989; todas las demás en este artículo son del 88. Lamentablemente, la del 89 está sin firmar. En las otras, el guion es de un nombre nuevo en este blog, Josep Lluís Viciana (Terrassa, 1951). Yo a Viciana le recuerdo sobre todo por una serie de animación, El detective Bogey (1994).

No sé si Parsley llegó a protagonizar una aventura larga. La Tebeosfera lista un álbum Olé, lo cual ya es una medalla de honor para una serie de relleno. Y para su autor. Sobre todo si su principal aportación a una revista ultrapragmática devorada por niños impacientes era el "dibujo bonito". Como el jogo bonito de Pelé. Soy el primero en reconocerlo: no era esa la forma de sembrar recuerdos en mi mente infantil. Pero sí es la forma de esconder tesoros en el sótano de mi castillo. Gracias; me ha encantado buscarlos.

miércoles, 12 de noviembre de 2025

Jesús de Cos & Armando Matías Guiu - The Mogollon News

Secciones de texto. Yo no diré que hay que ser un niño más maduro o un adulto menos tonto para no pasarlas de largo. Diré que son un gusto adquirido. Yo, a mis 44 años, he descubierto que me entusiasman las gildas. Afincado lejos de mi tierra y sus sabores, aprovecho mis visitas a Catalunya para hacer vermús; cada vez que pruebo una gilda, levito. En ningún caso intentaré convencer a otra persona de que ese chute de vinagrazo es una exquisitez; ha de descubrirlo por su cuenta. Igual que forzar a alguien a leer un mazacote de texto entre páginas mucho más coloridas y vistosas no le hará apreciarlo. Lo hará, con tiempo, su propia curiosidad. La curiosidad: virtud inestimable difamada por unos cuantos gatos incautos.

Ful disclóshur, que decimos en EE.UU: esta opinión mía puede venir sesgada por mi propia faceta de autor de relleno en El Jueves. Desde hace más de trece años, ocho de ellos en colaboración con mi pana Carlos Escuín (Mataró, 1983), pergeñamos con actitud risueña y cuestionable sintaxis el "Manda Güevos", una de las pocas secciones sin dibujicos de la revista. Su popularidad, según dictaban las encuestas cuando las hacíamos, nunca ha sido alta. A pesar de ello, sucesivos editores y valedores en redacción nos han mantenido. Tampoco será ajeno a su decisión que una página de texto es más barata que una de cómic.

Lo cual quizá ayuda a explicar por qué en el nuevo Mortadelo de 1984, en un imperio Bruguera ya con serios problemas de crédito, dos castigaolivettis de la redacción deciden que una página de las 52 la pueden llenar ellos sin problema.

 

The Mogollon News es una sección hija de su tiempo. La laxitud de la censura en la Transición permite flirtear mucho más con la actualidad nacional e internacional, de la que los tebeos hasta mediados de los setenta vivían totalmente aislados. Cameos de González y Reagan o menciones a viet-congs y ayatolás serán cada vez más frecuentes tanto en los cómics de Ibáñez (v. Cacao espacial, 1985) como en las páginas de relleno (¿Porrambo, por ejemplo?). Tiene cabida, pues, en este Mortadelo refundido y (más o menos) rejuvenecido, la parodia de un periódico serio, por lo menos en formato: muchos chistes, a cuatro columnas, en letra de cuerpo 9, e ilustrada con imágenes de archivo, para ventilar. 

Sus autores, como suele decirse justo antes de presentar a alguien, no necesitan presentación. Armando Matías Guiu (Barcelona, 1925–2004) ya firmaba su famosa columna Diálogo para besugos desde los años del DDT. Periodista, novelista, dramaturgo, guionista de cine y TV, es uno de esos hommes de lettres de traje de pana y plato combinado que curran para pagarse el tabaco, no para ganarse laureles, y que si no tienen estatua en una plaza sí tienen piso en la cabeza de una generación de jóvenes lectores. Dirige (con notable personalidad, añadiría) la revista a partir del 84, pero antes ya se había hartado de guionizar para dibujantes de la casa, a menudo desde el anonimato. Jesús de Cos (Barcelona, 1957) lleva en Bruguera desde los 19, ha guionizado también para varios ectógrafos de Ibáñez y, en la época B, se convierte en editor de Mortadelo, donde también firma los guiones de las series de Miguel Francisco: Fernández y Los Desahuciados. 

Imposible determinar quién hace qué en la sección. Innecesario, también, porque la verborrea incontenida y la densidad de gags hacen difícil saber por dónde cortar. Lean la página de arriba para comprobarlo.

Entrega de las primeras. Los del dibujo de la izquierda son Matías Guiu y el redactor y guionista Julio Fernández López (Logroño, 1928 – Barcelona, 1988). Scan de la Maginoteca. 

Calificar The Mogollon News de masilla no sería incorrecto, pero tampoco cortés. Es una sección hecha en redacción, seguramente a última hora, cuando las tazas de café vacías tintinean en una esquina de la mesa. Si una semana, por lo que sea, ha de llenar dos páginas, lo hace. Y si otra semana ha de caer, pues cae.  Según leo en la Maginoteca, la cabecera ya debutó, sin regularidad, en algún Súper Mortadelo de 1983 y aún antes puede que hubiera protosecciones parecidas. Es en 1984 cuando se convierte en regular. Y es en 1986 cuando desaparece: TMN no sobrevivió al cambio de sello editorial en 1986, de Bruguera a B. Siendo justos, muy pocas series salvo M&F lo hicieron. 

La idea, sin embargo, perduró en espíritu, o se le volvió a ocurrir a otra persona, que es un poco lo mismo. En 1990, El Periódico de Mortadelo abría y cerraba el Súper Mortadelo de B en su tercera forma (1990-1994), escrito e ilustrado por el incombustible Ramis.

El Periódico de Mortadelo, de Ramis, 1990.
 
Sección sin título concreto (yo la llamaba "página salmón") en El Jueves de 2015. Duró unos tres meses. Debe muchísimo a la de Ramis.

¿Debería preocuparme, como autor de tremendas turras en una revista de monigotes, el sino efímero de The Mogollon News? Creo que no. La verdad es que en un tebeo con Ibáñez en su máximo esplendor es muy difícil competir por la atención de los lectores. Ya dibujes, escribas, o hagas malabares con motosierras, si en la misma revista Ibáñez está haciendo El cochecito, leré, buena suerte. Esto en ningún caso desvirtúa a la competencia: Jan, por esa época, estaba pariendo La gran superproducción. ¿Qué? ¿Os parece un mal cómic? ¿Sois el señor que grita "esto es una birria" entre los aplausos del público enloquecido?

Jan: La gran superproducción. 1985.

En mi opinión (quizá distinta de la que predomine en los pasillos del mundo editorial), los rellenadores de revistas no competimos. Estamos ahí para que haya un poco de todo. Y cada uno hace lo que sabe hacer. Yo decidí ya hace unos años que escribía mejor que dibujaba, y a consecuencia de ello, en efecto, mi sección en El Jueves es menos llamativa, pero honestamente creo que la calidad de mi trabajo, medida en risas por página, no ha bajado; al contrario: digo más burradas que nunca. Y sí, mi yo prepúber fliparía más con los dibujos de Ivanper, no lo dudo. Pero Ivanper es la Coca-cola; yo soy la gilda. De pequeño, sólo me gustaba la Coca-cola. Hoy me gustan las dos cosas. 

viernes, 23 de agosto de 2013

Jesús de Cos & Miguel - Fernández


Revisar tebeos viejos es peligroso.

Supongo que pasa con todo lo que te acompañó en tu infancia. Pero con los tebeos, más. Porque de niño (yo tenía aún 6 años cuando salió el número de Súper Mortadelo del que he escaneado estas viñetas), una revista no es algo que consumas en un día, efímero como un programa de tele. Es algo que lees a tu ritmo (que suele ser lento), que relees varias veces, y que luego puede pasar años ahí, merodeando por tu habitación, de la pila a tu mesa y de la mesa a la cama, siempre ofreciendo las mismas historietas concretas, únicas, que te sabes de memoria. Sin entusiasmarte, casi deprimiéndote a veces, pero consolándote gracias a su familiaridad.

¿No os pasaba esto? A mí sí.

Revisitando esas revistas de mayor, recuerdo el tiempo perdido en esas páginas (nah, perdón; "perdido" suena muy duro: invertido). Sobre todo en las de relleno, las que no me divertían especialmente, las que entonces no apreciaba. Y a veces me doy cuenta de cuánto influyeron en mi maleable cerebro sin darme cuenta. En serio, esto es preocupante: dudo que los autores seamos conscientes del poder que tenemos sobre un lector infantil, de cómo una pose o una frase poco pensada se le quedará grabada de por vida.

Por ejemplo: ahora veo a la hada Morgana y pienso: ¿de dónde coño me creía yo que había sacado el anacrónico peinado de Punker, personaja con quien he hecho dos novelas y un proyecto de sitcom?



La historieta, por cierto, es Fernández, con guion de Jesús de Cos y dibujos de Miguel (Miguel Francisco), uno de los autores que llegó para la última etapa de Bruguera y primera de Ediciones B.

Revisando tebeos viejos, también, puedes hacer justicia a esos autores. Miguel dibujaba muy bien. Y metía pibones. Eso siempre se agradece.

Otra ventaja de la época moderna es que todo lo que a uno le costaría trabajo descubrir en los ochenta sobre esos autores (por no dar, las revistas no daban ni lista de colaboradores) hoy está a un guglazo de distancia. Miguel Francisco Moreno (que contaba apenas 20 años cuando dibujó esto) es de Badalona, vive en Finlandia y sigue dibujando muy bien. Si algún día lee Vallvi, y espero que le guste, se habrá cerrado un círculo.