Mostrando entradas con la etiqueta Mortadelo 1984. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mortadelo 1984. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de julio de 2026

Rovira - Hotel Mediaestrella

 

Es irónico que una historieta sobre un hotel tenga piso en mi cabeza, pero asín es. Tal era la influencia que ejercían los tebeos en mi mente infantil, cuando era toda apartamentos para entrar a vivir. Y no fueron historietas lo peor que se me instaló allí de por vida: aún me sé letras de Mecano y Los Ronaldos. No apoyo los desalojos en ningún caso, PERO.

¿Qué decíamos? Ah, sí: desgraciadamente, la huella de Hotel Mediaestrella en los mármoles del cómic no ha sido tan profunda como en el Play-doh de mi masa encefálica. Sabemos que su autor es el querido Jaume Rovira (Sentmenat, B., 1951), y que, según Tebeosfera, debuta en la revista Din Dan en el 71. Reaparece, quizá reimpreso, en distintas cabeceras (Súper DDT y Gina) hasta aterrizar, ahora sí con material inédito, en aquel último Mortadelo de Bruguera, el de 1984-86, del que tanto os he hablado. 

No caeré en la trampa de llenar párrafos listando inspiraciones o similitudes obvias, que si Fawlty Towers, que si Tres Estrelles (una y otra son posteriores). La premisa no es complicada ni pretende ser original: hay un hotel, y funciona como el culo. Aunque la cabecera apunte a un reparto amplio, el recepcionista Gómez, el camarero Rompeplatos y el Botones forman el núcleo de la mayoría de historias. El director del hotel suele ser el que va detrás de todo en las persecuciones finales, y la cajera Julita, a quien Rompeplatos le tira los trastos (pun not intended), aparece muy de uvas a peras. Una pena, porque la subtrama romántica es quizá de lo poco en Hotel Mediaestrella que no encontrásemos ya en El botones Sacarino.

Póster de la serie encontrado en El Rincón del Taradete; lo sitúan en "los primeros números de la revista Zipi y Zape" (ca. 1972).
1972. Estilo muy vazquiano. 

Torrenteros de bien han compilado unas cuantas entregas, las de la revista Din Dan, en una antología bastante manejable y (con todos los respetos) no muy interesante. De ello culpo a la juventud del autor, que aún está encontrando su propio estilo, y a la línea editorial de Din Dan, que no había nacido para ser vanguardia del cómic. En las páginas de los números extras aparecen historias más largas y algo más ambiciosas argumentalmente, pero tampoco para tirar el hotel por la ventana.

El regreso de Hotel Mediaestrella (1983 u 84, calculo). Media página hallada en Tebeosfera. Pese a que me falta contexto, es interesante por muchas cosas, entre ellas los pósters detrás de Rovira, enumerando sus influencias sucesivas: Ibáñez y Vázquez en la tercera viñeta, Uderzo en la quinta.
 
Octubre del 84. El dibujo es, creo, bastante más interesante que en la era Din Dan. Nótese el mobiliario, la moqueta, el aire chill-out de todo ello. También el diálogo busca aproximar los personajes al público juvenil. (Lo de apelar al público juvenil fumando como carreteros ya lo guardamos para otro día.)

Es en 1984 cuando Hotel Mediaestrella regresa con una propuesta gráfica más interesante. En el ínterim, Rovira se ha curtido dibujando Segis y Olivio, su serie más recordada y menos atractiva para mí, porque soy así de repelente. De esta época de HM sólo conservo dos entregas. Que son páginas nuevas y no reimpresas es obvio por el dibujo; también por una historieta inicial en la cual el propio Rovira, aún rabiosamente joven, regala una "excedencia" a Segis y Olivio para recuperar la serie de temática hotelera. 

La decisión va acorde con los tiempos: estamos en la era del nuevo Mortadelo, el de Matías Guiu, el de Tranqui y Tronco, una revista que va dejando atrás a la primera generación Bruguera y que perderá a las estrellas de la segunda. Parece justificada, pues, la voluntad de ir retirando series con aroma a recesión y reivindicar personajes más identificables con el lector moderno. Remarco lo de la voluntad, no realidad, porque Segis y Olivio no desaparecieron en absoluto de la revista. Rovira no se libraba de ellos.

Segunda parte de la historieta con la que he empezado. La fecha es 1984. El rediseño del director respecto a los setenta es el más notorio: ha perdido veinte años al menos. Ojo también a la breve intervención de Julita en la penúltima viñeta.

La serie, aunque creada una década antes, encajaba bien en el Mortadelo de los ochenta. La entrega al principio de este post creo que lo demuestra: cameos (Rompetechos), caricaturas (Matías Guiu), técnica mixta con uso del collage... Todo muy emblemático de esta nueva revista más espontánea, más meta y más política. ¡Incluso con caricatura del ex presidente Jimmy Carter! Rovira estaba jugón. Y eso me gusta.

No negaré que hay mucho en esta historieta que mi yo de 1984 no entendía. Yo no sabía quién era Jimmy Carter, ni mucho menos Armando Matías Guiu. Ni la señora de la foto en la primera viñeta (aún no lo sé; discútanlo en los comentarios). Ni siquiera había pisado un hotel. Pero quizá por eso la historieta y la serie tienen una suite en mi cabeza: porque leyéndola intuía que había algo más, que la historieta no era un universo cerrado sino parte de un mundo, el de los mayores, en el que tenía sentido. Intuía, ya en 1984, que a Hotel Mediaestrella valdría la pena volver. 

No me equivocaba.

martes, 21 de octubre de 2025

Domènec - El vecino de abajo

Este de la izquierda es uno de los primeros Mortadelos que leí. Octubre de 1984. Recuerdo que, pese a mi tesón y buena voluntad, necesitaba la ayuda de mis mayores para leer la historieta del personaje titular. Un plot twist inesperado: años después me di cuenta de que esa historieta, titulada "¡A por la favorita!", era apócrifa. Hoy sospecho que es de Lourdes Martín. Típico de mi generación: mi primera historieta de Mortadelo y Filemón no era de Ibáñez. Es más: mi primera historieta de Mortadelo y Filemón la hizo una mujer. Cuarenta años más tarde, soy gay. Gracias, Bruguera. 

Página de ¡A por la favorita!, de autor indeterminado. 

La revista Mortadelo de esa época, con su logotipo característico y con gag en la segunda o, no en la primera, llega al kiosco nada más empezar 1984. Es el fruto de refundir las antiguas cabeceras Mortadelo y Súper Mortadelo en una sola, PERO continuando la numeración del Súper Mortadelo, porque pa qué hacerlo simple pudiendo hacerlo complicado. Dicha fusión de revistas era un claro síntoma del otoño del imperio Bruguera. En 1985, Ibáñez y Raf abandonarían el barco para irse a Grijalbo, y en 1986 Bruguera echaría la persiana. Nótese, sin embargo, que ese número de arriba aún es del 84; Ibáñez todavía estaba en nómina. Entiendo que si no hizo él la historieta de M&F es por la baja por una operación de cervicales a la que se sometió con sólo 48 años. Recuerden, niños: antes de una sesión de dibujo de veintiséis horas, ¡hagan sus estiramientos!

Página 3 del mismo número, dedicada a la convalescencia de Ibáñez.
Staff del n.º 200, 1984.

Lo de que la portada aluda a la operación, un tema de tan rigurosa actualidad y a la vez tan interno, es uno de esos detalles que hoy hacen esta época de Mortadelo tan entrañable a mis ojos. Otro detalle es la aparición frecuentísima del director Armando Matías Guiu en las portadas. La huella de Matías Guiu, de hecho, es ineludible; a diferencia de sus predecesores, limitados a mezclar masilla, él escribe y firma sus colaboraciones, como el famoso Diálogo para besugos. Preside el staff de la página 2, repleto de gags y que me recuerda al de El Jueves en la misma época. Se emplean menos rellenadores, pero se les da mucho peso (March hace hasta nueve páginas semanales, entre Tranqui y Tronco y El Mini-rey). Muchos autores (Escobar entre ellos) se acostumbran a dibujarse en los márgenes de sus páginas. La sección de pasatiempos, Rómpete el Coco, incluye cameos de autores y personajes. Es una revista, en definitiva, que enseña la tramoya, mostrando entre sus páginas una redacción familiar y casadepútica, lejos del corporativismo de la Bruguera franquista. Si esta imagen es auténtica o impostada, no lo sé; sé que es divertida. Abundan las puyas entre autores: los humores de Ibáñez y de Matías Guiu, en particular, ácidos e hiperbólicos, casan a la perfección; performan un duelo hilarante de egos grotescamente hinchados que es muy difícil no leer como pura sátira. Y sin embargo, el conflicto existía: la ruptura Ibáñez-Bruguera era inminente.

No sé. Quizá quiero ver en este Mortadelo la redacción en la que me hubiera gustado trabajar. Quizá hasta lo era. 

* 

A mi yo de los ochenta, por supuesto, todos estos gags de editores despóticos y dibujantes explotados le pasaban bastante por alto. A esa edad, la diversión entra por los ojos. Pero es que también había mucho en ese Mortadelo que me entró por los ojos. Exempli gratia: esta página que vive en mi cabeza desde 1984. Desde mucho antes de entenderla.

En el momento de empezar este artículo tenía dos (2) entregas de El vecino de abajo, de Domènec. Creía guardar una tercera, que no he logrado encontrar; en un mercadillo compré dos más. No sé si son bastantes para comprender enteramente la premisa de la serie, cuyo tema central, obviamente, es el infierno, pero que también es literalmente "el vecino de abajo": las viñetas superiores parecen habitadas por gente normal en pisos normales, mientras que las inferiores siempre las pueblan demonios y condenados, como si el infierno se hubiera trasladado a los bajos de un edificio. Ni los demonios ni los condenados ni el resto de vecinos tienen nombres, que yo sepa, pero son recurrentes. Debe de ser de la pocas series en Bruguera que no llevan el nombre del protagonista, salvo en forma de eufemismo.

La temática es indiscutiblemente rompedora. No me he molestado en investigar si hubo precedentes de humor teológico en Mortadelo, pero conociendo aquella historia de que a Ibáñez le censuraron por blasfema la parodia del doctor Frankenstein en 13, Rúe del Percebe, voy a jugármela y asumir que la Bruguera de los setenta no hubiera tolerado una historieta con la premisa "infierno pero gracioso".

Pero no sólo la premisa es atrevida: narrativamente Domènec también es original, porque las historietas no son estrictamente secuenciales. Más bien (como en "13 Rúe", o incluso como las viñetas post-partido de Óscar Nebreda en El periódico) todo ocurre a la vez. La historia se ordena por "pisos", o incluso por "habitaciones" (grupos de personajes), no por viñetas. Aun así, los diálogos están pensados para leerse en el orden natural, es decir, acabando siempre con el vecino de abajo. Todos acabamos ahí.

Es una historieta difícil. Ambiciosa, también. Muy característica de esta revista que empieza a probar cosas nuevas.

Página del n.º 217. Podría ser la última entrega, pero no lo fue. Hubiera sido dejarlo muy en alto, y nunca mejor dicho.

No soy el primer tebeólogo en interesarse por la figura de Domènec, que sólo emerge en las revistas de Bruguera/B durante un breve periodo en los ochenta. Su ficha en Tebeosfera es un páramo, y además le atribuye alguna obra equivocada, como unas viñetas recogidas en la antología Any d'estelades, que en realidad son del periodista Fran Domènech. Si nos fiamos de la Comiclopedia, entonces probablemente Domènec es Valentí Domènech (L'Hospitalet, 1949), mayormente asociado con Comicup, un estudio gráfico que dibujaba cómics Disney en Europa. También trabajó en animación: he flipado al ver que tiene un crédito en una de mis series favoritas de la infancia, Count Duckula.

"Valentin Domenech" en los créditos de Count Duckula (1988-1993). Me ha hecho mucha ilu encontrar esto.
Insisto: no estoy 100% seguro de que sean la misma persona. Entre otros motivos, como me apunta el colega Kap (gràcies, maco), porque es raro que en Bruguera/B su apellido siempre pierda la h. Idealmente, compararía firmas, pero todo lo dibujado para Disney va sin firmar. Si es él, pues estamos ante otro artista tremendamente versátil, cualidad frecuente entre los rellenadores. Y por edad, también concuerda: "El vecino de abajo" encaja con un autor de unos 35, con mucho oficio ya a la espalda pero también lo bastante joven para querer innovar. 

"Heliotropo" en la contra del n.º 217. Yo tampoco entiendo el chiste del pie. Cuarenta años después, Mortadelo sigue desconcertándome a veces. 

No he encontrado una sola página de la otra serie de Domènec más recordada entre los foreros, El futuro es ayer. Sí tengo sendas páginas de otros dos personajes suyos: Heliotropo, el espía, de la misma época que El vecino de abajo, y una sección de pasatiempos titulada Los problemas de Margarito Neuras, en un Pulgarcito de 1987. Después de ese año, su firma desaparece de los tebeos. Quizá la experiencia en la escuela Bruguera no le dejó buen sabor de boca. (*Voz de Matías Prats*) Podríamos decir que fue un... infierno.

Es una lástima, porque era original, era llamativo, y merecía trabajar en un barco que no se hundiera. De hecho, gracias a gente como él, el barco que se hunde me parece tan interesante que ya os digo ahora que los próximos tropecientos posts en este blog vendrán de esa época. El decline and fall de Mortadelo. Es la revista que yo haría.