martes, 7 de julio de 2026

Rovira - Hotel Mediaestrella

 

Es irónico que una historieta sobre un hotel tenga piso en mi cabeza, pero asín es. Tal era la influencia que ejercían los tebeos en mi mente infantil, cuando era toda apartamentos para entrar a vivir. Y no fueron historietas lo peor que se me instaló allí de por vida: aún me sé letras de Mecano y Los Ronaldos. No apoyo los desalojos en ningún caso, PERO.

¿Qué decíamos? Ah, sí: desgraciadamente, la huella de Hotel Mediaestrella en los mármoles del cómic no ha sido tan profunda como en el Play-doh de mi masa encefálica. Sabemos que su autor es el querido Jaume Rovira (Sentmenat, B., 1951), y que, según Tebeosfera, debuta en la revista Din Dan en el 71. Reaparece, quizá reimpreso, en distintas cabeceras (Súper DDT y Gina) hasta aterrizar, ahora sí con material inédito, en aquel último Mortadelo de Bruguera, el de 1984-86, del que tanto os he hablado. 

No caeré en la trampa de llenar párrafos listando inspiraciones o similitudes obvias, que si Fawlty Towers, que si Tres Estrelles (una y otra son posteriores). La premisa no es complicada ni pretende ser original: hay un hotel, y funciona como el culo. Aunque la cabecera apunte a un reparto amplio, el recepcionista Gómez, el camarero Rompeplatos y el Botones forman el núcleo de la mayoría de historias. El director del hotel suele ser el que va detrás de todo en las persecuciones finales, y la cajera Julita, a quien Rompeplatos le tira los trastos (pun not intended), aparece muy de uvas a peras. Una pena, porque la subtrama romántica es quizá de lo poco en Hotel Mediaestrella que no encontrásemos ya en El botones Sacarino.

Póster de la serie encontrado en El Rincón del Taradete; lo sitúan en "los primeros números de la revista Zipi y Zape" (ca. 1972).
1972. Estilo muy vazquiano. 

Torrenteros de bien han compilado unas cuantas entregas, las de la revista Din Dan, en una antología bastante manejable y (con todos los respetos) no muy interesante. De ello culpo a la juventud del autor, que aún está encontrando su propio estilo, y a la línea editorial de Din Dan, que no había nacido para ser vanguardia del cómic. En las páginas de los números extras aparecen historias más largas y algo más ambiciosas argumentalmente, pero tampoco para tirar el hotel por la ventana.

El regreso de Hotel Mediaestrella (1983 u 84, calculo). Media página hallada en Tebeosfera. Pese a que me falta contexto, es interesante por muchas cosas, entre ellas los pósters detrás de Rovira, enumerando sus influencias sucesivas: Ibáñez y Vázquez en la tercera viñeta, Uderzo en la quinta.
 
Octubre del 84. El dibujo es, creo, bastante más interesante que en la era Din Dan. Nótese el mobiliario, la moqueta, el aire chill-out de todo ello. También el diálogo busca aproximar los personajes al público juvenil. (Lo de apelar al público juvenil fumando como carreteros ya lo guardamos para otro día.)

Es en 1984 cuando Hotel Mediaestrella regresa con una propuesta gráfica más interesante. En el ínterim, Rovira se ha curtido dibujando Segis y Olivio, su serie más recordada y menos atractiva para mí, porque soy así de repelente. De esta época de HM sólo conservo dos entregas. Que son páginas nuevas y no reimpresas es obvio por el dibujo; también por una historieta inicial en la cual el propio Rovira, aún rabiosamente joven, regala una "excedencia" a Segis y Olivio para recuperar la serie de temática hotelera. 

La decisión va acorde con los tiempos: estamos en la era del nuevo Mortadelo, el de Matías Guiu, el de Tranqui y Tronco, una revista que va dejando atrás a la primera generación Bruguera y que perderá a las estrellas de la segunda. Parece justificada, pues, la voluntad de ir retirando series con aroma a recesión y reivindicar personajes más identificables con el lector moderno. Remarco lo de la voluntad, no realidad, porque Segis y Olivio no desaparecieron en absoluto de la revista. Rovira no se libraba de ellos.

Segunda parte de la historieta con la que he empezado. La fecha es 1984. El rediseño del director respecto a los setenta es el más notorio: ha perdido veinte años al menos. Ojo también a la breve intervención de Julita en la penúltima viñeta.

La serie, aunque creada una década antes, encajaba bien en el Mortadelo de los ochenta. La entrega al principio de este post creo que lo demuestra: cameos (Rompetechos), caricaturas (Matías Guiu), técnica mixta con uso del collage... Todo muy emblemático de esta nueva revista más espontánea, más meta y más política. ¡Incluso con caricatura del ex presidente Jimmy Carter! Rovira estaba jugón. Y eso me gusta.

No negaré que hay mucho en esta historieta que mi yo de 1984 no entendía. Yo no sabía quién era Jimmy Carter, ni mucho menos Armando Matías Guiu. Ni la señora de la foto en la primera viñeta (aún no lo sé; discútanlo en los comentarios). Ni siquiera había pisado un hotel. Pero quizá por eso la historieta y la serie tienen una suite en mi cabeza: porque leyéndola intuía que había algo más, que la historieta no era un universo cerrado sino parte de un mundo, el de los mayores, en el que tenía sentido. Intuía, ya en 1984, que a Hotel Mediaestrella valdría la pena volver. 

No me equivocaba.

lunes, 22 de junio de 2026

Publicidad

Súper Sacarino, 1980. Estándares imposibles de belleza masculina: décadas antes de la thigh gap llegó el Big Jim, también llamado "el antimichelín". Chicos, no os dejéis engañar por los cánones de la dictadura estética difundidos desde un polígono industrial de Granollers. Sois bellos aunque vuestra cintura y caderas no bailen dentro del slip cual dado en cubilete. Sois sexys aunque vuestros surcos ilíacos (lefaductos en lengua vernácula) no parezcan la Fosa de las Marianas. Big Jim sería muy bueno en lo suyo, pero no necesitáis su autorización moral para ir por la vida en calzoncillos con dos estrellas. Y por dos estrellas me refiero a vuestros besties, Hacha y Machete, reyes de la jungla y del chiringuito playero. 

Ojalá tres nativos entrando así en una discoteca de Ibiza. La única manera de salvar la isla.

viernes, 5 de junio de 2026

Queridos personajes

Primer número de Super Tío Vivo, 1972. 

Siempre me detengo en los dibujos de autores haciendo personajes que no son suyos: me gusta ver cómo cada artista adapta a su estilo los diseños de otros. El que hizo esta página, por ejemplo, es bastante versátil. No hay firma, porque imagínate ponérnoslo fácil, pero tras examinar las páginas interiores estoy bastante seguro de que es Jordi Pineda Bono (Barcelona, 1935–2013), rellenista de primera generación. En este mismo número aparecen historietas de sus series Peladillo (ca. 1970) y Bonifacio y Pedernal (1972).

El del centro del dibujo es Julio Fernández López, redactor de caricatura habitual en las revistas. Los personajes: al fondo, Don Óptimo y su contrapunto Don Pésimo, de Escobar; entre los dos y en tres cuartos de espalda, creo que ese es el holgazán de Pepón (de Los señores de Alcorcón y, Segura). Margen izquierdo, arriba: Zipi y Zape (Escobar); debajo, Don Pío con su señora (Peñarroya); Doña Lío y su portera, de Raf; y Pepe Gotera y Otilio de F. Ibáñez. A la derecha de Otilio, el de la gorra hasta los ojos es Aurelio, de la serie Pórrez y Cía, de Pedro Alférez. En el rincón de abajo a la izquierda, Máximo Mini, de García Lorente; a  su derecha, pasado Pepe Gotera, el loro de La familia Trapisonda, de VázquezHug el Troglodita, de Gosset; el patriarca y el primogénito de La familia Churumbel, de Vázquez; y en el rincón derecho, Agamenón, de Nené Estivill. El señor del bigote a quien solo se le ve media cara debe de ser el padre de los Trapisonda. El caracol creo que no es de nadie.

De propina: la página de The Churumbels, la que está "aquí ar lao":

(Lo más fascinante es que el timador firma como "Er Calé". Como diciendo: "No os vayáis a pensar que los gitanos son víctimas. Lo que pasa es que a veces se encuentran con alguien más gitano aún."

Y que esto lo diga un jeta como Vázquez. Es que tiene cojones.)

domingo, 24 de mayo de 2026

Vázquez - Don Isótopo

Revista Din Dan, 2a época, núm. 59, 31 de marzo de 1969. Pero la historieta es una reimpresión: Don Isótopo fue una serie de corta vida que Vázquez publicó en Pulgarcito en 1957. Tan efímera es que la rigurosa Tebeosfera la ignora completamente en la ficha de su autor, aunque La Página No Oficial de Mortadelo y Filemón sí menciona al protagonista como un posible antecedente gráfico de Mortadelo: levita negra, cuello rígido, gafas, chistera y paraguas (Mortadelo llevaba sombrero y paraguas en sus primerísimas historietas, 1958).

Lo que me deja más turulato, sin embargo, es el segundo personaje de la historieta (no recurrente), que es clavado al Filemón de sólo unos años más tarde: traje chaqueta rojo (magenta, guatéver), lacito, ¡misma cabeza, misma nariz y UN pelo! Comprenderán vocês que me quedase muy boquiabierto mirando esta página.

Mortadelo y Filemón muy tempranos (ca. 1959)
Conste en acta, sin embargo, que este parecido en realidad socava cualquier sospecha de copia o inspiración entre Ibáñez y Vázquez, porque aunque el primer Mortadelo se parecía a don Isótopo, el primer Filemón no se parecía aún a ese otro señor (Filemón, también al principio, llevaba pantalón negro, sombrero, y fumaba pipa). Habían de pasar aún un par de años de dibujar muy rápido para que el personaje se simplificara.

Página encontrada en foros procelosos. Don Isótopo siendo un poco bastante hijoputa, aquí. Ay, ¿de dónde sacaría Vázquez esas locas ideas?
En La Página No Oficial describen al personaje de don Isótopo como un típico bonachón desafortunado, pero en alguna otra historieta (= en la otra de las dos que he leído) es menos bonachón y más Tío Vázquez avant la lettre. Quién sabe hacia dónde hubiera evolucionado de durar más. En cualquier caso, es divertido que su semejanza casual con Mortadelo (casual por parte de Vázquez, quiero decir) sea lo que rescate del olvido una serie oscurísima que yo adscribiría a una suborden de la primera generación brugueresca, la de "Personajes llamados don", llena de creaciones y creadores tan olvidables que hasta a mí me da pereza glosarlos. A mí, que me pongo tonto hablando de anuncios de CEAC.

domingo, 10 de mayo de 2026

Segura - Rigoberto Picaporte

Primer discléimer: yo no decido la frecuencia de mis posts en este blog; lo decide mi TDAH. Segundo: tampoco decido el contenido, lo decide el señor del mercadillo que cada semana carga unas cuantas cajas en la fragoneta al buen tuntún, y lo que llegue a la parada llega. Lo demás, en el almacén. No le preguntéis por el almacén. Le asusta mucho la posibilidad de que alguien se presente en su almacén con la intención de comprarle cosas. Imagínate, gente tocando su mercadería. Dándole dinero. Dinero que luego hay que cambiar por bienes y servicios. Un engorro.

Énigüey, hoy el señor del mercadillo tenía esto:

Portada cedida por (= birlada de) Tebeosfera, porque la mía está muy cascada. Pero he pagao dos euros por ella. ¿Quién es el tonto ahora, eh? Exacto: yo.

Rigoberto Picaporte, solterón de mucho porte. Nombre con D.O. 100% Bruguera. Y contenido a la altura. Mi primera impresión hojeando este álbum ha sido, una vez más, ¿por qué el cómic infantil de antes era tan poco infantil, y a la vez tan poco adulto? Y empiezo a pensar que la respuesta, previsiblemente, es la guerra. Herida nunca cerrada, obsesión de la literatura patria, episodio histórico que creó una generación de niños sin inocencia y adultos sencillotes. Sólo en ese contexto demográfico se explica que el editor de Pulgarcito en 1957, que no se habían inventado ni los macarrones, decidiera que a sus jóvenes lectores les muchifliparían las aventuras de un calvo con lacito que intenta arrimar cebolleta a una señorita, diría, veinte años más joven, capeando el genio tempestuoso de su futura suegra. 

La suegra. The suégrer. Villana eterna, Gréndel de la comedia erótica, Moriarty del sainete. Némesis del humorista que fuma. Yo, en serio, recuerdo observar de pequeño a mi abuela materna, suegra de mi padre, y pensar: "Pues no parece tan mala persona." Mis lecturas me habían engañado. ¿Cuántos más prejuicios no me habré tragado doblados? 

Página arquetípica de Rigoberto Picaporte, en formato también arquetípico de este blog: foto con el móvil y a tomar viento. Suscríbanse para más contenido de calidaz.


Y es que Rigoberto Picaporte, serie que hasta hoy sólo me sonaba de pasarla de largo en tebeos apolillaos, es ciertamente humor típico de revista. Pero de revista del Paralelo, de teatro Apolo, de actores estafados por José Luis Moreno. Paso lista del reparto: Rigoberto ("Rigo" para los amigos, porque nacer con nombre brugueriano no ha de impedirle a uno tener vida social) es, en efecto, el calvo con lacito y bigote que podría interpretar perfectamente un joven José Luis López Vázquez. Pareja idónea para su prometida, Curruquita (no me invento nada), la mozuela del peinado chic y más que cuestionable criterio en su vida sentimental. (Ojalá Sexo en Nueva York en los años cincuenta. ¡La de ojos que se hubieran abierto, y no es un eufemismo!) La suegra se llama doña Abelarda. Por si el protagonista no fuera lo bastante torpe para causar las desgracias que han de culminar cada historieta, cuenta también con una sirvienta, Eufemia, con acento gracioso y tan inepta como para confundir la olla de la infusión con el cubo de fregar, y un sobrinete tirando a travieso, Pepito, que además de trastadas proporciona una excusa para mantener la serie en Pulgarcito y no en el Playboy. Donde hubiera encajado bien, si los lectores de Playboy tuviesen sentido de la autoparodia.

La prole de Segura. De arriba a abajo, izquierda a derecha: Lily, Pepe Barrena, Piluca niña moderna, Titín y Gafitas (La alegre pandilla), tres miembros de La Panda, Eufemia (de Rigoberto Picaporte), el Capitán Serafín y el grumete Diabolín, Rigoberto, doña Abelarda, Mus (Alegre pandilla), Pepito (R.P.), el holgazán de Pepón, Curruquita (R.P.) y los señores de Alcorcón.
El álbum, sin embargo, me sirve para enmendar una ausencia en este blog que empezaba a ser clamorosa: la de Robert Segura (Badalona, 1927 - Premià de Mar, 2008), un rellenador prolífero muy interesante gráficamente, con tantos personajes creados que sus series bastarían para que una revista de los setenta cumpliera el peso reglamentario. Algún dibujillo suyo se había colado antes por aquí, pero nunca un artículo entero. Cuando hice el de los Cinco Amiguetes, de Rovira, yo esperaba que el primero dedicado a Segura trataría sobre La Panda, serie más atractiva en tanto que retrato más moderno (y menos estereotipado, diría) de un estrato social contemporáneo que patatín y patatán. Porque ese rollo del tebeo brugueriano como reflejo de la sociedad, aunque muy diluido por años y años de Mortadelocentrismo, tiene algo de cierto. Y Segura es buen observador de la realidad, de esos artistas cuyas páginas reflejan las modas y las costumbres de la época, no una España alternativa de levitas en pleno siglo veintiuno. Los looks de Curruquita en Rigoberto Picaporte son un buen ejemplo.

Las chicas de La Panda.
Portada de la revista Lily (1970), con cómic de Segura. Ojo a la promo. ¿Teens y SEATs 124 en la misma revista? A mí ya se me han ganao. 
Los personajes femeninos, ciertamente, son frecuentes en las series de Segura, y un rasgo distintivo de su dibujo. Varones narigudos a lo Bruguera + chicas planas a lo Garbo son su fórmula personal. En Rigoberto Picaporte (1957), Segura debe mucho a Vázquez y quizá a Ibáñez, entre otros coetáneos. También en el guion y el diseño de personajes: la sirvienta torpe recuerda a la del Doctor Cataplasma de Martz-Schmidt (1953); el sobrinillo cabroncete tampoco sería la gran innovación. Pero las chicas monas y modernas como Curruquita se convirtieron en su especialidad. Hasta tal punto que le valieron al autor un sitio en las revistas juveniles femeninas como Lily (1970), de portadista nada menos. Ellas fueron su gran contribución al universo Bruguera (quizá importada de universos extranjeros: otro día hablaremos de la innegable influencia de Archie Comics en Segura). En una escuela donde los personajes femeninos se limitaban a arquetipos bruguerescos (Petra, Hermanas Gilda, la sufrida Ofelia) o, ya en la era Ediciones B, pibones sexualizados (Irma), las chicas de Segura, bonitas, humanas y cada vez con más agencia y protagonismo, son un caso insólito.  La juventud colorida abriéndose paso por la vieja España en blanco y negro con piernas desnudas e interminables.

Rigoberto temprano: viñetas de influencia TAN vazquiana que dan que pensar y todo. 

Esa esperanza aún queda lejos en las historietas ranciunas de Rigoberto Picaporte. Aunque ninguna página de mi nuevo álbum viene fechada, ¡ni firmada!, el coche de Rigo, que hace parecer futurista al 600, apunta que aún quedaba camino por recorrer (el 600 en realidad ya existía; entiendo que Rigo es un prometido demasiado cutre para permitírselo). Y el humor lo confirma. Los chistes de mancebas lelas y suegras iracundas despiden aroma de vodevil, de matrimoniadas, de casete de gasolinera, de ese humor que ya no ríe nadie y que sólo lloran los pollaviejas. Pero que quede claro: en ningún caso esa cancelabilidad se extiende al autor, que además de prolífico fue longevo: publicó durante varias décadas de cambios vertiginosos, y supo adaptarse. Como Rovira, que pasó de las penurias de Segis y Olivio a las aventuras de los Cinco amiguetes, Segura empezó con Rigoberto Picaporte y acabó con Piluca, niña moderna. Retratos de la sociedad que ya no son víctimas, sino esperanza. 

Y ese cambio es importante. En Rigoberto Picaporte estaban representados los tres tipos de mujeres de la mala comedia, las tres moiras del humor: joven superficial, sierva tonta, vieja mala. Romper ese ciclo, salirse de esa línea entre niña inocente y suegra furibunda, es el primer paso para crear la cosa que más aterroriza al heteropatriarcado: la niña furibunda.

domingo, 19 de abril de 2026

Domènec - Un dibujero de humor...

Nuestro Domènec (probablemente Valentí Domènech; no he confirmado su nombre completo) ya se olía que los ordenadores sólo traerían disgustos. Antecedentes de la lucha contra la amenaza IA en el tercer número del Mortadelo de B, 1987.

martes, 23 de diciembre de 2025

Jesús de Nazaret

Revista Súper Rompetechos, 1979.

Rubio y de ojos azules. Tal como fue.