jueves, 27 de agosto de 2026

Ramis - Island of Tókame Rock (o Breve historia del trecerrúe)

En España, la historieta que repite en cada entrega el mismo plano general con personajes recurrentes confinados en su rincón siempre será un "13 Rúe". O un trecerrúe, grafía más ortodoxa. (Pequeño apéndice gramatical: en castellano correcto es rúe, dos sílabas, con acento en la u como búho.) Quizá en el extranjero este tipo de cómic tenga un nombre más universal, pero no he sabido averiguarlo. En Mad había, y quizá hay, páginas de composición similar, pero nunca repetían escenario. A nivel internacional, lo más comparable que se me ocurre es la obra de un ilustrador infantil que a mí me gusta mucho, el suizo Philippe Dupasquier (Neuchâtel, 1955), que se especializó en libros donde cada página es un mismo plano general en el que transcurren diversas subtramas. Estas subtramas a veces estaban conectadas, como en un libro genial que firma junto a Martin Waddell titulado The Great Green Mouse Disaster (1981). B lo editó en castellano y catalán; búsquenlo en sus mercadillos.

Vázquez para Pulgarcito, 1959.
Ibáñez, 1960.
Hubo trecerrúes mucho antes de Ibáñez, por supuesto. Al fin y al cabo, la humanidad dibuja secciones transversales de casas más o menos desde que lo exige la complejidad de su arquitectura. De ahí a llenar las habitaciones con personajitos guasones no hay más que un pequeño acto de simpático vandalismo. En Bruguera mismo hay antecedentes: Vázquez firma un prototipo de 13 Rúe en 1959, ya con un edificio muy similar (falta el hueco de la escalera), e Ibáñez dibujó para Pulgarcito al menos dos historietas más con una idea parecida, siempre habitadas por los personajes de la revista. Pero todos esos experimentos fueron flor de un día. Lo de convertir la plantilla arquitectónica en la base de una serie semanal lo inventó Ibáñez en 1961.

Primera entrega de 13, Rúe del Percebe, de Ibáñez (1961).

7 Rebolling Street: Ibáñez para la revista Guai! 1986. Las primeras entregas, como esta, son espectaculares, igual que los primeros Chicha, Tato y Clodoveo, pero con el ritmo de trabajo de Ibáñez acaba perdiendo mucha calidad.
A partir de ese punto, para el lector de tebeos hispano toda historieta que recuerde a ese modelo se juzgará (no injustamente) como una variación de la obra de Ibáñez. Le pasó al propio Ibáñez cuando en 1986 creó para Grijalbo 7 Rebolling Street, una versión de 13, Rúe del Percebe a doble página. Más ambiciosa y menos longeva, dio sin embargo para al menos cuatro álbumes en la colección Tope Guai (y hasta un tomo Súper Humor, editado por B hacia 2010) pero como ocurre con Chicha, Tato y Clodoveo, pocas entregas más allá de las primeras no son apócrifas. 

16, Rúe del Pecesbarba, de Gallego y Rey (revista Cambio 16, 1985)
Vivienda de contienda, de Ivanper y Terán (El Jueves (ya era hora de que hablásemos del Jueves, hostia), 2016).
Hay muchos más ejemplos de trecerrúes; en posts anteriores ya he hablado de alguno (El vecino de abajo, de Domènec). Por hoy, me gustaría citar dos más. Primero, el del dúo Gallego y Rey (ambos Madrid, 1955, ya es casualidad), que en 1985 crearon para la revista Cambio 16 una parodia bastante explícita, 16, Rúe del Pecesbarba, donde el bloque de vecinos era el Congreso de los Diputados. No guardo ejemplos (y eso que en mi casa se compraba el Cambio 16 porque mi señora madre era fan de la columnista Carmen Rico Godoy), pero hay un artículo bien majo del colega paleotebeólogo Antonio Tausiet. Segunda, una serie de El Jueves creada en 2016 por los grandérrimos Ivanper (Bilbao, 1985) y Álvaro Terán (Santander, 1987) y titulada Vivienda de contienda, que es un trecerrúe con triple salto y tirabuzones: todos los inquilinos de la casa son de ideologías políticas opuestas, casi todas las entregas contienen un "evento" que afecta a todos los personajes (como cuando en 13 Rúe a veces llovía, o había niebla) y lo mejor: la casa tiene dos fachadas, de modo que lo que sucede en el anverso de la página afecta al reverso y viceversa. Complejidad demencial. Galaxy brain. Humor en seis dimensiones. Las editoriales Bestia Negra y luego Fandogamia recopilaron la serie entera.

Island of Tókame Rock, de Ramis para Súper López, 1987. Sabemos que estamos ante un Ramis auténtico por los tres (3) chistes picantones y por el tío del chiringuito, que recuerda fuertemente a Samuel el Malayo, el colega de Alfalfo Romeo, pero sin el embudo en la cabeza. Imagina decirle esa última frase a alguien que no haya leído a Ramis nunca.

Y ojo, que ahora llego a lo que sería el título de este post. Mi propósito cuando he empezado esta tremenda brasa era hablar de Island of Tókame Rock, el trecerrúe de nuestro querido Ramis (Chantada, Lu. 1962) que sustituyó la casa por una isla tropical y dominguera, por lo que me parecía idónea para culminar este verano tan fecundo en artículos. Desgraciadamente, sólo he encontrado UNA entrega, lo cual me dejaba poca maniobra para hablar de la serie y de su género. Sí os puedo decir que la isla se creó para la revista Súper López, en la época de B, y que con ella Ramis se consagra como un autor todoterreno. Pasen lista: historieta (Sporty), auca (Alfalfo Romeo), dosieres (Lo que nadie se atrevió a contar sobre...), secciones de texto (El periódico de Mortadelo), y también trecerrúes. Y cuando estalló la fiebre de buscar a Wally (cortesía de Martin Handford, Londres, 1956), Cera y Ramis se sacaron de la manga los Xunguis, para no ser menos. Lo que haga falta para tener distraída a la chavalada. Ninguna duda de que con veinte años menos hoy Ramis sería youtúber. "Suscribíos, ¡gñ!"

lunes, 24 de agosto de 2026

Castillo - Publicidad + El capitán Barlovento

Mortadelo, ca. 1972. El juguete está mal a tantos niveles, incluido el antropológico, que prefiero ni comentarlo. Me centraré en la estampa veraniega, estrictamente familiar: sólo padres y niños, ni un(a) joven en edad de merecer. Firma, salvo por la parte de no firmar, el veterano rellenista Castillo. Supongo y espero que no fuese él el responsable de la rotulación atroz, que parece hecha por una persona que lo más que ha escrito en su vida es "vaciamos pisos" en el lateral de una furgoneta. En fin. Dibujar para publicidad nunca fue agradecido.

El capitán Barlovento, en Súper Tío Vivo, 1972.

José Castillo (no he logrado dilucidar las fechas; en Lambiek dicen que es catalán) es muy relativamente conocido por las series El Capitán Barlovento o Tapón y Dalilo. Esta última creo que no la he visto en la vida. Yo le reconozco más por las páginas de one-liners, muy esmerados, en el Súper Zipi y Zape de la era B.

Masilla de Castillo en Súper Zipi y Zape, 1988.

viernes, 14 de agosto de 2026

Vázquez - Gu-gu

En un post anterior dedicado al canallita del universo tebeíl comentábamos la leyenda de las páginas de Vázquez hechas directamente a tinta, sin lápiz previo. Varias fuentes mencionan originales de Vázquez con esa técnica, pero no siempre es tan fácil identificar las páginas impresas en revista. Yo, humildemente, someto al examen del jurado estas pruebas.


Abril de 1989. En mi opinión profesional relativa (porque ya dibujo menos que el boli Bic de una casa de quinielas), estas páginas no han conocido lápiz. Es más, diría que no pasaron ni una hora en el tablero cada una. Y sí, puede que incluso los tiernos lectores del Súper Zipi y Zape se sintiesen estafados por cuatro páginas de 5,75 viñetas de media. Pero tampoco hay que ser mucho más viejo para detenerse en la cuarta de la tercera página y advertir el mérito de hacer eso a vuelapluma. Hay que ser muy bueno. Nivel maestro zen de Okinawa mojando el pincel, cerrando los ojos, y escribiendo "en tu puta cara" de un brochazo en un solo ideograma perfecto.

miércoles, 5 de agosto de 2026

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Súper Zipi y Zape, agosto 1977. Juguetes de verdad, con su sana idealización de la guerra y sus bebés que expelen fluidos inconfesables. Así, como entrenando a cada cual pa lo suyo. Una lástima que nadie reconciliase los dos géneros juguetísticos en un muñeco único para unirlos a todos: un niño soldado de grandes ojos azules que sangra incontrolablemente. Si es que al final he de venir yo de 2026 a chivaros las soluciones.

Suerte del microscopio, la cámara y el Logomik (que se parece sospechosamente al Mastermind de toda la vida). Siempre que jugamos con Guille Martínez-Vela al Mansiones de la locura y sale un puzle de ese tipo, yo lo peto. Igual es porque soy el único que no lleva seis cervezas al llegar a ese punto.

martes, 28 de julio de 2026

Esegé - Parsley

A Segundo García González, más conocido como "Esegé" (Balazote, Ab. 1958 - Sant Feliu de Llobregat, B. 2021), le encasillo en una categoría que, en honor a su preferencia por los acrónimos, voy a llamar Tegefebé, o Too Good For Bruguera. Tal cual acuño el término me doy cuenta de que es injusto, porque dibujantes que podían estar haciendo (e hicieron) cosas mejores que rellenar Mortadelos había muchísimos. Empezando por el que dibujaba a Mortadelo. Y el que lo firmaba. Pero Esegé es de los dibujantes que destacan desde el mismo relleno, que no condescienden a la sencillez. Su dibujo es sospechosamente detallista; su guion, a menudo ambicioso. Sus páginas no eran series serias, pero a mi yo infantil le suscitaban un respeto parecido. "Caramba", pensaba, porque era niño y aún no decía hostiaputa. "Esta página pide ser leída con calma." Y entonces no la leía. 

Intento explicar esa temprana impresión poniéndome en modo historiador. Hay en Bruguera —no desde sus albores, pero sí, diría, durante la mayor parte de su existencia— un anhelo por el dibujo guay. "Guay" era, para entendernos, el cómic franco-belga: un mercado de kioscos atiborrados de revistas de cómics, como el español de entonces, pero que molaban mil veces más. No es autodesprecio, don Arturo; es lo que hay. La escuela de Marcinelle (Jijé, Franquin, Morris, Will) es como la escuela Bruguera de allí, pero sin oler a cartilla de racionamiento. Y los editores de aquí, que miraban a Europa, lo sabían. Cuando en 1970 fundan la revista Mortadelo, el referente es la francesa Pilote. Para el relleno, importan a Astérix y al Teniente Blueberry. Y es difícil sobreestimar lo mucho que El sulfato atómico (1969), primer largo de F. Ibáñez, debe a  Spirou. De algún modo, el norte magnético de nuestros tebeos siempre estuvo al norte de los Pirineos.

Pero la herencia histórica pesaba mucho. El lenguaje gráfico brugueril, condicionado por la escasez y la censura, no casaba con la sofisticación de Hergé o de Uderzo. Cuyas licencias de publicación en España, imagino, no debían de ser baratas. Ibáñez, además, se cansó enseguida de ese estilo que él llamaba "muchas arruguitas", y en una decisión que haría orgullosos a los Superbruguerones, optó por más páginas, menos curradas. Las series serias, casi siempre de importación, cubrían de algún modo ese nicho del dibujo elaborado, aunque sus autores fueran cada vez más oscuros, y el dibujo en sí, no por realista más memorable. Pero la voluntad de incluir en el relleno algo que pudiera competir gráficamente con Los pitufos y Lucky Luke nunca murió del todo. Y ahí, creo, es donde entraba Esegé.

Neronius, en Súper Mortadelo, 1982. Dibujo de Esegé, guion de Jesús de Cos. Parece probable que los personajes de la segunda viñeta sean caricaturas, pero no sé de quién.

Esegé debuta en TBO en 1977 y da el salto a Bruguera en 1981. Su primera serie, Neronius, tiene una historia bastante única: creada en 1978 por el guionista belga Christian Blareau y el dibujante francés Pierre Guilmard con el título Résidus, tyran de Rome, se publicó en la revista Tintin, donde no duró ni un año. Mejor acogida tuvo en Mortadelo, donde se publicaron las páginas de Blareau y Guilmard y a continuación unas cuantas más, hechas en casa. Esegé, artista manchego de esmerada tinta francesa, fue el elegido para dibujarlas. Jesús de Cos y Armando Matías Guiu, a quienes ya conocemos por The Mogollon News, firmaron algunos de los guiones. Quizá era la forma de tener cómic francobelga en la revista sin pagar licencias. O quizá era un intento de francobelguizar el cómic español cuando el modelo de tebeo patrio empezaba a hacer aguas. ¿Funcionó? Pues un momento, que miro los informes financieros de Bruguera en los años ochenta y... Oh. Uf. Caramba. Hostiaputa, incluso.

Afortunadamente, no todo se fue a la mierda con Bruguera. En alguna ocasión he comentado mi teoría de que la cabecera Zipi y Zape, sobre todo en la época de Ediciones B, parecía dirigirse a un público más femenino. Tal vez "femenino" no sea la palabra; digamos más sensible. Mientras que en Mortadelo imperan el slapstick de Ibáñez y la creciente transgresión de Cera y Ramis, el tono de Zipi y Zape es más naíf, más pausado, y más abierto a estilos cada vez más alejados del bruguerismo y el ibañecismo. En Zipi y Zape cabe el Jaume Rovira más maduro y más tierno, el de Cinco Amiguetes, Piluca, Pablito. Cabe el Robin Robot de Sanchís. Cabe Snack, de Nin. Y cabe Parsley, de Esegé. Los Too Good For Bruguera encontraron en B un pequeño espacio donde intentar brillar, siempre desde la posición de rellenadores.

Que Parsley sea el personaje que he escogido para hablar de Esegé se debe a una mera conjunción de material que me ha caído en las manos. No sé si es su serie más recordable, pero sí me ha parecido la más representativa; más que Neronius, que no creó él, y cuya ambientación romana es excepcional. A Esegé le tira más el rollo medieval, como representa otra serie suya, Los alquimistas (ca. 1988) de la que Parsley es quizá una evolución. Ambas series transcurren en el castillo de un monarca rechoncho rodeado de asesores con pocas luces. Parsley, sin embargo, aporta la novedad de un protagonista simpático, listo y buena persona. El joven bufón de capirote verde (su nombre significa perejil en inglés) provoca algún que otro desaguisado en el castillo del rey Smack, pero también arregla los de los demás. Un niño bueno, en definitiva. No había tantos en Bruguera/B. Y estoy contando a Zipi y Zape.

Otra serie de aire fantástico: Los kokitos, en Súper Zipi y Zape de 1988.

También Parsley me parece su serie más interesante (nuevamente, basándome en mi colección fragmentaria) por la historieta episódica de arriba, que evidencia un guion bastante elaborado. Esa es de 1989; todas las demás en este artículo son del 88. Lamentablemente, la del 89 está sin firmar. En las otras, el guion es de un nombre nuevo en este blog, Josep Lluís Viciana (Terrassa, 1951). Yo a Viciana le recuerdo sobre todo por una serie de animación, El detective Bogey (1994).

No sé si Parsley llegó a protagonizar una aventura larga. La Tebeosfera lista un álbum Olé, lo cual ya es una medalla de honor para una serie de relleno. Y para su autor. Sobre todo si su principal aportación a una revista ultrapragmática devorada por niños impacientes era el "dibujo bonito". Como el jogo bonito de Pelé. Soy el primero en reconocerlo: no era esa la forma de sembrar recuerdos en mi mente infantil. Pero sí es la forma de esconder tesoros en el sótano de mi castillo. Gracias; me ha encantado buscarlos.

sábado, 18 de julio de 2026

Helados que ya no existen (VIII)

Años setenta. Pocos lo recuerdan ya, pero el Camyjet caminó (sobre la luna) para que el Colajet, con su punta de chocolate, volase.

Imaginad el día en que llegó a los headquarters de Camy un ingeniero criolácteo con un Powerpoint de la época —un puñao de cartulinas— y presentó a los mandamases la evolución inevitable de la carrera espacial en la que se habían embarcado ellos solos. "Creíais que un helado de dos sabores era volar demasiado alto. Creíais que estábamos jugando a ser dios." Desde el rascacielos de la Frigo debieron de oírse los gritos. "¿Qué estarán tramando este año esos locos?" 

jueves, 16 de julio de 2026

Frankfurt - Star Cracks (Atasco-Star)

Empiezo con historieta de seis páginas a bocajarro. Ojo a esta, que es de las que me hace lamentar no tener un escáner decente. O un escáner, a secas.

La ignorancia es antesala del hallazgo feliz, y nada ayuda a encontrar tesoros en tebeos viejos como no leer enciclopedias que te los espoileen. Imaginad pues mi estupefaciencia y boquiapertura cuando, hojeando tebeos en mi trapero de confianza, hallé estas paginazas de una serie que no esperaba volver a ver jamás. Yo la conocía por otro título, y en otra lengua, pero la astronave en forma de cafetera Moka no dejaba lugar a dudas: era una nueva (o vieja) entrega de Star Cracks, la exigua y exquisita serie de la que ya os hablé una vez, ¡hace trece años! ¿Cómo habéis podido olvidarlo? ¿Cómo? 

Bruguelandia núm. 27. Octubre 1983. Portada de Raf.
La revista es Bruguelandia (1981-1983), publicación mensual hecha casi enteramente de reimpresiones, pero que solía centrarse en un autor por número y aportaba textos contextualizando las páginas a modo de retrospectiva. Este número iba dedicado al 25º aniversario de Mortadelo, tema con el que la historieta de arriba conecta gracias a los cameos de Mortadelo y papá Ibáñez en forma de villano final. 

No estoy seguro de que los autores hicieron la historia expresamente para Bruguelandia. De hecho, tampoco estoy seguro de quiénes son los autores. La firma colectiva "Frankfurt" aparece también en las entregas publicadas en L'Avui dels Súpers (1994) donde la cabecera les identifica como Alfons López (Lleida, 1950), Rafel Vaquer (Palma, 1957) y Xavier Roca (Barcelona, 1966), pero por edad, seguramente, el último no participó en esa historieta.

Revista Butifarra! núm. 6, mayo 1978.

Mi colega, colaborador juevero y portadista Jordi March (no lo bastante colega para decirme en qué año nació, pero sí lo bastante para abstenerme de divulgarlo si me lo dijera) me puso sobre la pista del origen del nom de plume "Frankfurt": se trata de una derivación del más prolífico equipo Butifarra, así llamado por la revista que pergeñaban entre 1975 y 1979. Alfons López fue su principal promotor, y bajo su techo de dos grapas congregó a un montón de firmas del còmic català más joven y politizado de la época, entre muchas otras que luego ennoblecerían las páginas del Jueves o del VíboraMax, Azagra, Gallardo, Pérez Navarro o el grandérrimo Tha (August Tharrats, Barcelona, 1956). A caballo entre la revista satírica y el boletín dibujado, Butifarra! es recordada por su voluntad periodística y su línea abiertamente antisistema. 

El reparto de Star Cracks (viñeta de 1994).

Investigando un poco descubro, como ocurre a veces, que no es que la serie de los transportistas intergalácticos hubiera caído en el olvido; es que yo no salgo de mi sótano. En mi defensa, creo que sí estaba mucho más olvidada cuando hablé de ella por primera vez en 2013. Ahora hay información de sobras. Tebeosfera sitúa su origen en 1980, y la atribuye a López y Vaquer, con alguna "colaboración esporádica" del guionista Pérez Navarro. Me cuesta creer que en mi colección de tebeos (dispersa, pero variada) no haya ni una entrega, porque al parecer no fueron pocas. La editorial Amaníaco, de hecho, las recogió todas en un integral en 2021, aunque su cronología, hasta donde yo sé, es incorrecta: en L'Avui dels Súpers no salieron nueve entregas, sino tres. Las únicas que conocía hasta ahora. 

El integral permite ver la increíble evolución gráfica de la serie fuera de las restricciones del modelo de tebeo brugueril. La historieta de arriba representaría una etapa intermedia de la serie. Pero el contraste entre una de las primeras entregas y una de las últimas es, como decimos los críticos de arte, la puta hostia:

1980, en Pulgarcito (salvo la rotulación, que la hicieron nueva para el integral). Todos los defectos del tebeo brugueril están aquí: color mecánico, eufemismos mortadelescos, guion ranciuno. Y pese a todo, el dibujo de Vaquer destaca. 

1994, en L'Avui dels Súpers, traducido del catalán. La era digital (de cuya tecnología Vaquer fue early adopter). Explosión de color, referentes pop, y final sin persecuciones.

Más Madera! núm. 1, 1986. El autor, un ya muy reconocible Vaquer. Ni una tibia entera dibujaba el tío. Cada pierna es un sismógrafo en un tranvía. Me gusta mucho. 
Atasco-Star (en castellano originalmente, pero siempre en catalán en mi corazón) no fue la última colaboración entre el equipo Frankfurt/Butifarra y Bruguera. De hecho, Frankfurt llegó a coordinar la que posiblemente fuese la primera revista satírica de la editorial, y la última en cualquier género: Más madera!, en 1986. Duró dieciséis números. En Humoristán tienen un artículo bien escrito y mejor documentado sobre el proyecto Butifarra. En Barcelona se les dedicó una exposición en 2015; el catálogo —Butifarra: El còmic dels barris (1975-1987) debe de constituir una buena antología. El integral de Amaníaco lo podéis comprar aquí.

martes, 7 de julio de 2026

Rovira - Hotel Mediaestrella

 

Es irónico que una historieta sobre un hotel tenga piso en mi cabeza, pero asín es. Tal era la influencia que ejercían los tebeos en mi mente infantil, cuando era toda apartamentos para entrar a vivir. Y no fueron historietas lo peor que se me instaló allí de por vida: aún me sé letras de Mecano y Los Ronaldos. No apoyo los desalojos en ningún caso, PERO.

¿Qué decíamos? Ah, sí: desgraciadamente, la huella de Hotel Mediaestrella en los mármoles del cómic no ha sido tan profunda como en el Play-doh de mi masa encefálica. Sabemos que su autor es el querido Jaume Rovira (Sentmenat, B., 1951), y que, según Tebeosfera, debuta en la revista Din Dan en el 71. Reaparece, quizá reimpreso, en distintas cabeceras (Súper DDT y Gina) hasta aterrizar, ahora sí con material inédito, en aquel último Mortadelo de Bruguera, el de 1984-86, del que tanto os he hablado. 

No caeré en la trampa de llenar párrafos listando inspiraciones o similitudes obvias, que si Fawlty Towers, que si Tres Estrelles (una y otra son posteriores). La premisa no es complicada ni pretende ser original: hay un hotel, y funciona como el culo. Aunque la cabecera apunte a un reparto amplio, el recepcionista Gómez, el camarero Rompeplatos y el Botones forman el núcleo de la mayoría de historias. El director del hotel suele ser el que va detrás de todo en las persecuciones finales, y la cajera Julita, a quien Rompeplatos le tira los trastos (pun not intended), aparece muy de uvas a peras. Una pena, porque la subtrama romántica es quizá de lo poco en Hotel Mediaestrella que no encontrásemos ya en El botones Sacarino.

Póster de la serie encontrado en El Rincón del Taradete; lo sitúan en "los primeros números de la revista Zipi y Zape" (ca. 1972).
1972. Estilo muy vazquiano. 

Torrenteros de bien han compilado unas cuantas entregas, las de la revista Din Dan, en una antología bastante manejable y (con todos los respetos) no muy interesante. De ello culpo a la juventud del autor, que aún está encontrando su propio estilo, y a la línea editorial de Din Dan, que no había nacido para ser vanguardia del cómic. En las páginas de los números extras aparecen historias más largas y algo más ambiciosas argumentalmente, pero tampoco para tirar el hotel por la ventana.

El regreso de Hotel Mediaestrella (1983 u 84, calculo). Media página hallada en Tebeosfera. Pese a que me falta contexto, es interesante por muchas cosas, entre ellas los pósters detrás de Rovira, enumerando sus influencias sucesivas: Ibáñez y Vázquez en la tercera viñeta, Uderzo en la quinta.
 
Octubre del 84. El dibujo es, creo, bastante más interesante que en la era Din Dan. Nótese el mobiliario, la moqueta, el aire chill-out de todo ello. También el diálogo busca aproximar los personajes al público juvenil. (Lo de apelar al público juvenil fumando como carreteros ya lo guardamos para otro día.)

Es en 1984 cuando Hotel Mediaestrella regresa con una propuesta gráfica más interesante. En el ínterim, Rovira se ha curtido dibujando Segis y Olivio, su serie más recordada y menos atractiva para mí, porque soy así de repelente. De esta época de HM sólo conservo dos entregas. Que son páginas nuevas y no reimpresas es obvio por el dibujo; también por una historieta inicial en la cual el propio Rovira, aún rabiosamente joven, regala una "excedencia" a Segis y Olivio para recuperar la serie de temática hotelera. 

La decisión va acorde con los tiempos: estamos en la era del nuevo Mortadelo, el de Matías Guiu, el de Tranqui y Tronco, una revista que va dejando atrás a la primera generación Bruguera y que perderá a las estrellas de la segunda. Parece justificada, pues, la voluntad de ir retirando series con aroma a recesión y reivindicar personajes más identificables con el lector moderno. Remarco lo de la voluntad, no realidad, porque Segis y Olivio no desaparecieron en absoluto de la revista. Rovira no se libraba de ellos.

Segunda parte de la historieta con la que he empezado. La fecha es 1984. El rediseño del director respecto a los setenta es el más notorio: ha perdido veinte años al menos. Ojo también a la breve intervención de Julita en la penúltima viñeta.

La serie, aunque creada una década antes, encajaba bien en el Mortadelo de los ochenta. La entrega al principio de este post creo que lo demuestra: cameos (Rompetechos), caricaturas (Matías Guiu), técnica mixta con uso del collage... Todo muy emblemático de esta nueva revista más espontánea, más meta y más política. ¡Incluso con caricatura del ex presidente Jimmy Carter! Rovira estaba jugón. Y eso me gusta.

No negaré que hay mucho en esta historieta que mi yo de 1984 no entendía. Yo no sabía quién era Jimmy Carter, ni mucho menos Armando Matías Guiu. Ni la señora de la foto en la primera viñeta (aún no lo sé; discútanlo en los comentarios). Ni siquiera había pisado un hotel. Pero quizá por eso la historieta y la serie tienen una suite en mi cabeza: porque leyéndola intuía que había algo más, que la historieta no era un universo cerrado sino parte de un mundo, el de los mayores, en el que tenía sentido. Intuía, ya en 1984, que a Hotel Mediaestrella valdría la pena volver. 

No me equivocaba.

lunes, 22 de junio de 2026

Publicidad

Súper Sacarino, 1980. Estándares imposibles de belleza masculina: décadas antes de la thigh gap llegó el Big Jim, también llamado "el antimichelín". Chicos, no os dejéis engañar por los cánones de la dictadura estética difundidos desde un polígono industrial de Granollers. Sois bellos aunque vuestra cintura y caderas no bailen dentro del slip cual dado en cubilete. Sois sexys aunque vuestros surcos ilíacos (lefaductos en lengua vernácula) no parezcan la Fosa de las Marianas. Big Jim sería muy bueno en lo suyo, pero no necesitáis su autorización moral para ir por la vida en calzoncillos con dos estrellas. Y por dos estrellas me refiero a vuestros besties, Hacha y Machete, reyes de la jungla y del chiringuito playero. 

Ojalá tres nativos entrando así en una discoteca de Ibiza. La única manera de salvar la isla.

viernes, 5 de junio de 2026

Queridos personajes

Primer número de Super Tío Vivo, 1972. 

Siempre me detengo en los dibujos de autores haciendo personajes que no son suyos: me gusta ver cómo cada artista adapta a su estilo los diseños de otros. El que hizo esta página, por ejemplo, es bastante versátil. No hay firma, porque imagínate ponérnoslo fácil, pero tras examinar las páginas interiores estoy bastante seguro de que es Jordi Pineda Bono (Barcelona, 1935–2013), rellenista de primera generación. En este mismo número aparecen historietas de sus series Peladillo (ca. 1970) y Bonifacio y Pedernal (1972).

El del centro del dibujo es Julio Fernández López, redactor de caricatura habitual en las revistas. Los personajes: al fondo, Don Óptimo y su contrapunto Don Pésimo, de Escobar; entre los dos y en tres cuartos de espalda, creo que ese es el holgazán de Pepón (de Los señores de Alcorcón y, Segura). Margen izquierdo, arriba: Zipi y Zape (Escobar); debajo, Don Pío con su señora (Peñarroya); Doña Lío y su portera, de Raf; y Pepe Gotera y Otilio de F. Ibáñez. A la derecha de Otilio, el de la gorra hasta los ojos es Aurelio, de la serie Pórrez y Cía, de Pedro Alférez. En el rincón de abajo a la izquierda, Máximo Mini, de García Lorente; a  su derecha, pasado Pepe Gotera, el loro de La familia Trapisonda, de VázquezHug el Troglodita, de Gosset; el patriarca y el primogénito de La familia Churumbel, de Vázquez; y en el rincón derecho, Agamenón, de Nené Estivill. El señor del bigote a quien solo se le ve media cara debe de ser el padre de los Trapisonda. El caracol creo que no es de nadie.

De propina: la página de The Churumbels, la que está "aquí ar lao":

(Lo más fascinante es que el timador firma como "Er Calé". Como diciendo: "No os vayáis a pensar que los gitanos son víctimas. Lo que pasa es que a veces se encuentran con alguien más gitano aún."

Y que esto lo diga un jeta como Vázquez. Es que tiene cojones.)

domingo, 24 de mayo de 2026

Vázquez - Don Isótopo

Revista Din Dan, 2a época, núm. 59, 31 de marzo de 1969. Pero la historieta es una reimpresión: Don Isótopo fue una serie de corta vida que Vázquez publicó en Pulgarcito en 1957. Tan efímera es que la rigurosa Tebeosfera la ignora completamente en la ficha de su autor, aunque La Página No Oficial de Mortadelo y Filemón sí menciona al protagonista como un posible antecedente gráfico de Mortadelo: levita negra, cuello rígido, gafas, chistera y paraguas (Mortadelo llevaba sombrero y paraguas en sus primerísimas historietas, 1958).

Lo que me deja más turulato, sin embargo, es el segundo personaje de la historieta (no recurrente), que es clavado al Filemón de sólo unos años más tarde: traje chaqueta rojo (magenta, guatéver), lacito, ¡misma cabeza, misma nariz y UN pelo! Comprenderán vocês que me quedase muy boquiabierto mirando esta página.

Mortadelo y Filemón muy tempranos (ca. 1959)
Conste en acta, sin embargo, que este parecido en realidad socava cualquier sospecha de copia o inspiración entre Ibáñez y Vázquez, porque aunque el primer Mortadelo se parecía a don Isótopo, el primer Filemón no se parecía aún a ese otro señor (Filemón, también al principio, llevaba pantalón negro, sombrero, y fumaba pipa). Habían de pasar aún un par de años de dibujar muy rápido para que el personaje se simplificara.

Página encontrada en foros procelosos. Don Isótopo siendo un poco bastante hijoputa, aquí. Ay, ¿de dónde sacaría Vázquez esas locas ideas?
En La Página No Oficial describen al personaje de don Isótopo como un típico bonachón desafortunado, pero en alguna otra historieta (= en la otra de las dos que he leído) es menos bonachón y más Tío Vázquez avant la lettre. Quién sabe hacia dónde hubiera evolucionado de durar más. En cualquier caso, es divertido que su semejanza casual con Mortadelo (casual por parte de Vázquez, quiero decir) sea lo que rescate del olvido una serie oscurísima que yo adscribiría a una suborden de la primera generación brugueresca, la de "Personajes llamados don", llena de creaciones y creadores tan olvidables que hasta a mí me da pereza glosarlos. A mí, que me pongo tonto hablando de anuncios de CEAC.

domingo, 10 de mayo de 2026

Segura - Rigoberto Picaporte

Primer discléimer: yo no decido la frecuencia de mis posts en este blog; lo decide mi TDAH. Segundo: tampoco decido el contenido, lo decide el señor del mercadillo que cada semana carga unas cuantas cajas en la fragoneta al buen tuntún, y lo que llegue a la parada llega. Lo demás, en el almacén. No le preguntéis por el almacén. Le asusta mucho la posibilidad de que alguien se presente en su almacén con la intención de comprarle cosas. Imagínate, gente tocando su mercadería. Dándole dinero. Dinero que luego hay que cambiar por bienes y servicios. Un engorro.

Énigüey, hoy el señor del mercadillo tenía esto:

Portada cedida por (= birlada de) Tebeosfera, porque la mía está muy cascada. Pero he pagao dos euros por ella. ¿Quién es el tonto ahora, eh? Exacto: yo.

Rigoberto Picaporte, solterón de mucho porte. Nombre con D.O. 100% Bruguera. Y contenido a la altura. Mi primera impresión hojeando este álbum ha sido, una vez más, ¿por qué el cómic infantil de antes era tan poco infantil, y a la vez tan poco adulto? Y empiezo a pensar que la respuesta, previsiblemente, es la guerra. Herida nunca cerrada, obsesión de la literatura patria, episodio histórico que creó una generación de niños sin inocencia y adultos sencillotes. Sólo en ese contexto demográfico se explica que el editor de Pulgarcito en 1957, que no se habían inventado ni los macarrones, decidiera que a sus jóvenes lectores les muchifliparían las aventuras de un calvo con lacito que intenta arrimar cebolleta a una señorita, diría, veinte años más joven, capeando el genio tempestuoso de su futura suegra. 

La suegra. The suégrer. Villana eterna, Gréndel de la comedia erótica, Moriarty del sainete. Némesis del humorista que fuma. Yo, en serio, recuerdo observar de pequeño a mi abuela materna, suegra de mi padre, y pensar: "Pues no parece tan mala persona." Mis lecturas me habían engañado. ¿Cuántos más prejuicios no me habré tragado doblados? 

Página arquetípica de Rigoberto Picaporte, en formato también arquetípico de este blog: foto con el móvil y a tomar viento. Suscríbanse para más contenido de calidaz.


Y es que Rigoberto Picaporte, serie que hasta hoy sólo me sonaba de pasarla de largo en tebeos apolillaos, es ciertamente humor típico de revista. Pero de revista del Paralelo, de teatro Apolo, de actores estafados por José Luis Moreno. Paso lista del reparto: Rigoberto ("Rigo" para los amigos, porque nacer con nombre brugueriano no ha de impedirle a uno tener vida social) es, en efecto, el calvo con lacito y bigote que podría interpretar perfectamente un joven José Luis López Vázquez. Pareja idónea para su prometida, Curruquita (no me invento nada), la mozuela del peinado chic y más que cuestionable criterio en su vida sentimental. (Ojalá Sexo en Nueva York en los años cincuenta. ¡La de ojos que se hubieran abierto, y no es un eufemismo!) La suegra se llama doña Abelarda. Por si el protagonista no fuera lo bastante torpe para causar las desgracias que han de culminar cada historieta, cuenta también con una sirvienta, Eufemia, con acento gracioso y tan inepta como para confundir la olla de la infusión con el cubo de fregar, y un sobrinete tirando a travieso, Pepito, que además de trastadas proporciona una excusa para mantener la serie en Pulgarcito y no en el Playboy. Donde hubiera encajado bien, si los lectores de Playboy tuviesen sentido de la autoparodia.

La prole de Segura. De arriba a abajo, izquierda a derecha: Lily, Pepe Barrena, Piluca niña moderna, Titín y Gafitas (La alegre pandilla), tres miembros de La Panda, Eufemia (de Rigoberto Picaporte), el Capitán Serafín y el grumete Diabolín, Rigoberto, doña Abelarda, Mus (Alegre pandilla), Pepito (R.P.), el holgazán de Pepón, Curruquita (R.P.) y los señores de Alcorcón.
El álbum, sin embargo, me sirve para enmendar una ausencia en este blog que empezaba a ser clamorosa: la de Robert Segura (Badalona, 1927 - Premià de Mar, 2008), un rellenador prolífero muy interesante gráficamente, con tantos personajes creados que sus series bastarían para que una revista de los setenta cumpliera el peso reglamentario. Algún dibujillo suyo se había colado antes por aquí, pero nunca un artículo entero. Cuando hice el de los Cinco Amiguetes, de Rovira, yo esperaba que el primero dedicado a Segura trataría sobre La Panda, serie más atractiva en tanto que retrato más moderno (y menos estereotipado, diría) de un estrato social contemporáneo que patatín y patatán. Porque ese rollo del tebeo brugueriano como reflejo de la sociedad, aunque muy diluido por años y años de Mortadelocentrismo, tiene algo de cierto. Y Segura es buen observador de la realidad, de esos artistas cuyas páginas reflejan las modas y las costumbres de la época, no una España alternativa de levitas en pleno siglo veintiuno. Los looks de Curruquita en Rigoberto Picaporte son un buen ejemplo.

Las chicas de La Panda.
Portada de la revista Lily (1970), con cómic de Segura. Ojo a la promo. ¿Teens y SEATs 124 en la misma revista? A mí ya se me han ganao. 
Los personajes femeninos, ciertamente, son frecuentes en las series de Segura, y un rasgo distintivo de su dibujo. Varones narigudos a lo Bruguera + chicas planas a lo Garbo son su fórmula personal. En Rigoberto Picaporte (1957), Segura debe mucho a Vázquez y quizá a Ibáñez, entre otros coetáneos. También en el guion y el diseño de personajes: la sirvienta torpe recuerda a la del Doctor Cataplasma de Martz-Schmidt (1953); el sobrinillo cabroncete tampoco sería la gran innovación. Pero las chicas monas y modernas como Curruquita se convirtieron en su especialidad. Hasta tal punto que le valieron al autor un sitio en las revistas juveniles femeninas como Lily (1970), de portadista nada menos. Ellas fueron su gran contribución al universo Bruguera (quizá importada de universos extranjeros: otro día hablaremos de la innegable influencia de Archie Comics en Segura). En una escuela donde los personajes femeninos se limitaban a arquetipos bruguerescos (Petra, Hermanas Gilda, la sufrida Ofelia) o, ya en la era Ediciones B, pibones sexualizados (Irma), las chicas de Segura, bonitas, humanas y cada vez con más agencia y protagonismo, son un caso insólito.  La juventud colorida abriéndose paso por la vieja España en blanco y negro con piernas desnudas e interminables.

Rigoberto temprano: viñetas de influencia TAN vazquiana que dan que pensar y todo. 

Esa esperanza aún queda lejos en las historietas ranciunas de Rigoberto Picaporte. Aunque ninguna página de mi nuevo álbum viene fechada, ¡ni firmada!, el coche de Rigo, que hace parecer futurista al 600, apunta que aún quedaba camino por recorrer (el 600 en realidad ya existía; entiendo que Rigo es un prometido demasiado cutre para permitírselo). Y el humor lo confirma. Los chistes de mancebas lelas y suegras iracundas despiden aroma de vodevil, de matrimoniadas, de casete de gasolinera, de ese humor que ya no ríe nadie y que sólo lloran los pollaviejas. Pero que quede claro: en ningún caso esa cancelabilidad se extiende al autor, que además de prolífico fue longevo: publicó durante varias décadas de cambios vertiginosos, y supo adaptarse. Como Rovira, que pasó de las penurias de Segis y Olivio a las aventuras de los Cinco amiguetes, Segura empezó con Rigoberto Picaporte y acabó con Piluca, niña moderna. Retratos de la sociedad que ya no son víctimas, sino esperanza. 

Y ese cambio es importante. En Rigoberto Picaporte estaban representados los tres tipos de mujeres de la mala comedia, las tres moiras del humor: joven superficial, sierva tonta, vieja mala. Romper ese ciclo, salirse de esa línea entre niña inocente y suegra furibunda, es el primer paso para crear la cosa que más aterroriza al heteropatriarcado: la niña furibunda.