Años setenta. Pocos lo recuerdan ya, pero el Camyjet caminó (sobre la luna) para que el Colajet, con su punta de chocolate, volase.
Imaginad el día en que llegó a los headquarters de Camy un ingeniero criolácteo con un Powerpoint de la época —un puñao de cartulinas— y presentó a los mandamases la evolución inevitable de la carrera espacial en la que se habían embarcado ellos solos. "Creíais que un helado de dos sabores era volar demasiado alto. Creíais que estábamos jugando a ser dios." Desde el rascacielos de la Frigo debieron de oírse los gritos. "¿Qué estarán tramando este año esos locos?"

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