martes, 15 de octubre de 2013

Ramis - Sporty (o Por qué quiero a Ramis más que a ti, volumen I)


A todos los que nos sentamos en la mesa de los niños en la cena anual de dibujantes de El Jueves nos une una cosa: el amor a Juan Carlos Ramis. Preguntad a cualquier Rubén Fdez. o a algún Morán; creo que me darán la razón. No le conocemos, apenas le hemos hablado, no sabemos dónde para, y si lo supiéramos, tampoco correríamos a buscarle. Es algo extraño, como el tío gamberro que tus padres critican pero que a ti de niño te hace mucha risa. Somos los niños de Médico de familia, y él era nuestro Francis Lorenzo. Nos marcó, pero no queremos ser como él (tampoco podríamos). Nos enseñó mucho, y sin embargo sabemos que esa no es la manera de hacer las cosas. Ciertamente, ninguno de nosotros haría algo así:


Juan Carlos Ramis (Chantada, Lugo, 1962) es el autor de relleno con mayúsculas de la época de Ediciones B, a partir de 1986. Llegó a Mortadelo con Alfalfo Romeo y a Súper Mortadelo con Sporty, y él solo apartó estas revistas de la trayectoria Bruguera. De entrada, con un dibujo antiacadémico, de influencia Ibáñez clarísima, pero sin madurar. Todos los dibujantes de Bruguera y B hasta entonces parecían veteranos: fueran viejos o jóvenes, esmerados o frescos, clásicos o rompedores, el dibujo de un Ibáñez o un Cera o un Marco venía a decir "llegamos a esta revista con el culo pelao". El de Ramis, no. Ramis era sencillote, a veces torpe, más bien infantil; sus páginas tenían un aspecto poco profesional.

Y luego estaban los chistes.


Los chistes de Ramis eran... pues... No, no sé explicarlo. O sea, en parte encajaban con el dibujo: eran poco profesionales. Eran pueriles. Eran malísimos. Pero funcionaban. No entiendo por qué. Y si alguien asegura entenderlo, que le jodan. No escuchéis a teóricos del humor que intentan explicar qué es humor inteligente o cuándo un chiste malo es tan malo que es bueno; quienes formulan y siguen esas reglas suelen ser eficientes y poco más. Ramis era un genio.

Sporty temprano. 1987.

¿Acaso los chistes eran malos, pero eran muchos? ¿Eran tan malos que eran buenos? ¿O eran tan malos que eran idiotas? Cualquiera de esas explicaciones sirve para justificar que nos gustara de pequeños, pero lo más importante es que, por la misma razón, hoy lo admiramos. Porque, sencillamente, no tenemos huevos de hacer estos chistes. Se nos ocurren, sí, no diré que no; pero los soltamos en la mesa de los niños en la cena anual de jueveros; no los publicamos. Hay quien llamaría a eso profesionalidad; quizá sea vergüenza. En cualquier caso, es lo que Ramis no tenía y le hace querido e inolvidable. Yo no compartía tebeos con Guille Martínez-Vela o Xavi Morató, pero el chiste de "mentalizarse" es un referente común y reconocible. Como el de "acabaremos con el rayo".

¿Qué? ¿No hay apuestas? Bueno, os lo acabo de contar en otro momento.


Lo más sorprendente, sin embargo, fue su evolución. Nuevamente, yo no soy comicólogo ni consulto más bibliografía que mi escasa colección; estoy especulando, pero creo que hubo un momento en que Ramis pasó de hacer Sporty como lo hacía porque no daba más de sí a convertir su defecto en virtud. Se dio cuenta de que el dibujo feúno y el humor tonto eran sus armas, y las abrazó. Y el humor tonto se convirtió en suprema gilipollez:


En esta época, la serie se había librado ya del tema deportivo; las aventuras de Sporty pasaron a centrarse en su imposible relación con la bella Renata (sí; Mamerto, Renata... Ramis era el puto amo del nomenclátor) y el humor va haciéndose más picantón. Sin ir más lejos, observad cómo el maestro desarrolla tan desafiante premisa:

Y lo dejo aquí, porque esa última viñeta me parece sublime. La página es de 1992.


Guille y yo hablamos una vez con Ramis y Cera cuando firmaban en un salón del cómic. Ramis recordaba con cariño esta época, porque "hacíamos lo que nos daba la gana". No te haces idea de cómo "lo que te daba la gana" influyó en los niños de entonces/dibujantes de hoy, querido Ramis. Dudo que el auge del absurdo que hoy vivimos existiera sin ti. No sabes qué monstruos has creado.

Pero por favor, volvamos al malvado que pretende acabar con el rayo reparador de la capa de ozono.


Y por cierto, esa bazooka en la viñeta final... ¿acabamos de asistir al nacimiento de Mafrune?

3 comentarios:

  1. ¡Bravísimo post! Añado una loa a su faceta artística: aunque no se vea en estas viñetas de páginas interiores, Ramis siempre fue muy bueno pintando con color directo, ese arte olvidado

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  2. Siempre quise saber dónde empezó a aparecer Mafrune. Mi vida está completa. XD

    Muy buen resumen de lo que Ramis significa para todo lector Ediciones-Beriano. Yo también opino que la historia de los bebés mutantes es sin duda su mayor joya dentro de Sporty. Luego está Alfalfo Romeo, que juega en otra liga.

    Y coincido con Guille, siempre me fascinó que, aún por ese estilo tan poco acabado, sus coloreados de portadillas eran la leche. Basta echar un vistazo a las contraportadas de la colección TBO de Ediciones B.

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  3. Los chistes de Ramis... intentaron explicarlo como "el chiste de la manzanilla" http://maginoteca.blogspot.com.es/2008/09/el-chiste-de-la-manzanilla.html

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