martes, 23 de diciembre de 2025

Jesús de Nazaret

Revista Súper Rompetechos, 1979.

Rubio y de ojos azules. Tal como fue.

domingo, 21 de diciembre de 2025

Carpanta comiendo

Portada de Súper Carpanta n.º 42, Octubre de 1980.

Zipi y Zape, petándolo en clase. Felicidades, chavales. Seguid así y en treinta añitos tendréis un blog sobre paleotebeología que hará las delicias de adultos que aún meriendan. 
Vamos a desbancar un mito: pese a que el sino trágico del personaje era "quiere comer y nunca lo consigue", yo he visto a Carpanta comer bastantes veces. Y no se me puede acusar de leer a Escobar exhaustivamente, así que las instancias de las que yo he sido testigo no serán tan raras. Del mismo modo, aunque los ceros y las calabazas están tan presentes en las historietas de Zipi y Zape como el balón, los castigos corporales o los secundarios que parecen creados para una serie de Antonio Mercero, yo les he visto sacar dieces e incluso obtener sus tan anheladas bicicletas.

¿Qué vengo a decir con esto? Pues que la posguerra no fue pa tanto. No, es broma. Lo que vengo a decir es que las "reglas" que un autor impone a su personaje son menos reglas que directrices, como decía Barbossa. En un corpus tan vasto como el de un autor de Bruguera (Escobar dibujó a Carpanta entre 1947 y 1985 como mínimo), esas pocas transgresiones sólo cementan la premisa de la serie: la excepción hace la norma. Los autores, además, saben cómo romper esas reglas sin que todo se desmorone. Aunque la historieta en que Zipi y Zape sacan sendos dieces sea la única que has leído en tu vida, sabrás que no es lo habitual.

(Acabo de caer en que seguramente es por Escobar que conozco el determinante sendos. ¿Sabéis cuando la gente dice "tal cosa que leí en un libro u oí en una serie tiene piso gratis en mi cabeza"? A veces son cosas útiles.)

Las no escasas ocurrencias de Carpanta comiendo me vinieron a la cabeza hace unos meses cuando estaba hojeando Superhumores y me di cuenta de un patrón curioso. Esta es una historieta de Mortadelo y Filemón que la Página No Oficial de M&F data de 1980. Cuelgo sólo la primera viñeta y la última:


No creo que haga falta una sinopsis de las seis páginas que median entre estos dos extremos. Básicamente, el antagonista es un señor armado con un aerosol que te congela al instante, y las dos catástrofes calvas, en un raro acceso de competencia, consiguen derrotarle y darle a probar su propia medicina. Final inmitigadamente feliz, sin hospitales ni persecuciones, y con ruptura de cuarta pared y todo. "Felices pascuas, queridos lectores."

La navidad parece un motivo de peso para permitir a M&F una tregua en su retahíla de fracasos. Retrocedamos unos años, por ejemplo, a 1973. La historieta se titula "¡La conquista de la Tierra!". Aquí, el final: 

Otra: "Joe Tapón", 1966: 

No todas las navidades son felices, ojo. Esta es "¿Pavo o pollo?", 1962:

Ojo a Ibáñez con pelo. Sólo hacía tres años que creó a M&F.

Cuando planeaba este post, lo confieso, buscaba confirmar una teoría, o prejuicio, de que los finales felices para Mortadelo y Filemón son más comunes en historietas hechas por ectógrafos. Las muestras que he encontrado, sin embargo, no me dan la razón estadísticamente. Sólo la de 1980 es claramente de Ramón Casanyes; la del 66 no tiene firma, pero la Página No Oficial la atribuye a Ibáñez; de la del 73 cabe poca duda. 

Mi impresión, aun así, sigue siendo que los ectógrafos tienden a ser más flexibles con la regla no escrita del final catastrófico, la persecución, y el "Mortadelín, Filemoncete, salgan, salgan". Una razón es que la historieta corta (4-8 páginas) como la que sale en un extra de navidad es más probable que la haga un dibujante apócrifo, porque Ibáñez suele estar concentrado en las historias largas cuyos episodios salen en la revista Mortadelo regular. Otra es que, como ya explicamos en su día, los ectógrafos, frustrados por el anonimato, buscan innovar mientras se les permita, probar cosas nuevas, llevar los personajes a su propio terreno. Hasta cierto punto, puede incluso que quieran distanciarse un poco del cinismo de Ibáñez, cuyos finales amargos no siempre son causados por la incompetencia o mala fortuna de los protagonistas, sino por su ocasional y demostrada mezquindad.

El contraste entre los dos terremotos de Ibáñez y los de Escobar, de hecho, es muy interesante. Zipi y Zape, hasta donde yo sé, eran traviesos, sí, y desgraciados, pero nunca malas personas. Lo cual no impedía que los finales felices fuesen tan raros como en M&F. Escobar no era un cínico. Lo que me lleva a preguntarme si Ibáñez tenía más éxito porque sí lo era. Conjetura que, en sí misma, es cínica.

(Si alguien tiene la impresión de que estoy escribiendo tal cual pienso, sin intención de desembocar en ninguna tesis interesante, hola, qué tal, me llamo Edgar, bienvenidos a mi blog.)

Cálmate, Carpanta, que ahora llego a la conclusión. Que te piensas que vengo aquí con el artículo planeado y el guion hecho. Que no soy Escobar, ¿eh? Soy más bien Ramis. 
Una cosa sí está clara: la navidad en los tebeos parece una excusa plausible para subvertir expectativas y permitir a los personajes lo que el resto del año se les prohíbe en nombre de la regularidad: cumplir una misión, sacar dieces, comer. 

Yo, que tengo una relación complicada con la navidad, veo una lección ahí: si incluso una editorial tan encasillada en sus propias reglas como Bruguera, tan casta y tan timorata y tan agarrada a "lo que funciona", sabía aflojarse un poco el corsé al menos un mes al año, creo que podemos todos. No hace falta celebrar la navidad para seguir la corriente al cristianismo, al capitalismo, o a gente que no te cae bien, pero mola celebrarla para cagarse en la regularidad, porque los días del año que no celebras nada tampoco molan mucho. Mola hacer algo especial, sorprender a tu público. Sorprenderte a ti.

Rompe normas. Sé Carpanta, y come. Él lo hace.

viernes, 12 de diciembre de 2025

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¿En serio? ¿Me estáis diciendo que a la misma generación de pollaviejas que hoy se queja de los trofeos por participar y las escuelas Montessori, en su día les regalaban medallas olímpicas? ¿En botes de Colacao? CARAMBAS. Me pinchan y no me sacan triglicéridos.

Y por cierto, añadan Colacao Vit a la panoplia de opciones para merendar de la que gozaban nuestros ancestros.

 

Todo esto nos lo quitaron los monopolios. El problema es el capitalismo. 

miércoles, 12 de noviembre de 2025

Jesús de Cos & Armando Matías Guiu - The Mogollon News

Secciones de texto. Yo no diré que hay que ser un niño más maduro o un adulto menos tonto para no pasarlas de largo. Diré que son un gusto adquirido. Yo, a mis 44 años, he descubierto que me entusiasman las gildas. Afincado lejos de mi tierra y sus sabores, aprovecho mis visitas a Catalunya para hacer vermús; cada vez que pruebo una gilda, levito. En ningún caso intentaré convencer a otra persona de que ese chute de vinagrazo es una exquisitez; ha de descubrirlo por su cuenta. Igual que forzar a alguien a leer un mazacote de texto entre páginas mucho más coloridas y vistosas no le hará apreciarlo. Lo hará, con tiempo, su propia curiosidad. La curiosidad: virtud inestimable difamada por unos cuantos gatos incautos.

Ful disclóshur, que decimos en EE.UU: esta opinión mía puede venir sesgada por mi propia faceta de autor de relleno en El Jueves. Desde hace más de trece años, ocho de ellos en colaboración con mi pana Carlos Escuín (Mataró, 1983), pergeñamos con actitud risueña y cuestionable sintaxis el "Manda Güevos", una de las pocas secciones sin dibujicos de la revista. Su popularidad, según dictaban las encuestas cuando las hacíamos, nunca ha sido alta. A pesar de ello, sucesivos editores y valedores en redacción nos han mantenido. Tampoco será ajeno a su decisión que una página de texto es más barata que una de cómic.

Lo cual quizá ayuda a explicar por qué en el nuevo Mortadelo de 1984, en un imperio Bruguera ya con serios problemas de crédito, dos castigaolivettis de la redacción deciden que una página de las 52 la pueden llenar ellos sin problema.

 

The Mogollon News es una sección hija de su tiempo. La laxitud de la censura en la Transición permite flirtear mucho más con la actualidad nacional e internacional, de la que los tebeos hasta mediados de los setenta vivían totalmente aislados. Cameos de González y Reagan o menciones a viet-congs y ayatolás serán cada vez más frecuentes tanto en los cómics de Ibáñez (v. Cacao espacial, 1985) como en las páginas de relleno (¿Porrambo, por ejemplo?). Tiene cabida, pues, en este Mortadelo refundido y (más o menos) rejuvenecido, la parodia de un periódico serio, por lo menos en formato: muchos chistes, a cuatro columnas, en letra de cuerpo 9, e ilustrada con imágenes de archivo, para ventilar. 

Sus autores, como suele decirse justo antes de presentar a alguien, no necesitan presentación. Armando Matías Guiu (Barcelona, 1925–2004) ya firmaba su famosa columna Diálogo para besugos desde los años del DDT. Periodista, novelista, dramaturgo, guionista de cine y TV, es uno de esos hommes de lettres de traje de pana y plato combinado que curran para pagarse el tabaco, no para ganarse laureles, y que si no tienen estatua en una plaza sí tienen piso en la cabeza de una generación de jóvenes lectores. Dirige (con notable personalidad, añadiría) la revista a partir del 84, pero antes ya se había hartado de guionizar para dibujantes de la casa, a menudo desde el anonimato. Jesús de Cos (Barcelona, 1957) lleva en Bruguera desde los 19, ha guionizado también para varios ectógrafos de Ibáñez y, en la época B, se convierte en editor de Mortadelo, donde también firma los guiones de las series de Miguel Francisco: FernándezLos Desahuciados

Imposible determinar quién hace qué en la sección. Innecesario, también, porque la verborrea incontenida y la densidad de gags hacen difícil saber por dónde cortar. Lean la página de arriba para comprobarlo.

Entrega de las primeras. Los del dibujo de la izquierda son Matías Guiu y el redactor y guionista Julio Fernández López (Logroño, 1928 – Barcelona, 1988). Scan de la Maginoteca. 

Calificar The Mogollon News de masilla no sería incorrecto, pero tampoco cortés. Es una sección hecha en redacción, seguramente a última hora, cuando las tazas de café vacías tintinean en una esquina de la mesa. Si una semana, por lo que sea, ha de llenar dos páginas, lo hace. Y si otra semana ha de caer, pues cae.  Según leo en la Maginoteca, la cabecera ya debutó, sin regularidad, en algún Súper Mortadelo de 1983 y aún antes puede que hubiera protosecciones parecidas. Es en 1984 cuando se convierte en regular. Y es en 1986 cuando desaparece: TMN no sobrevivió al cambio de sello editorial en 1986, de Bruguera a B. Siendo justos, muy pocas series salvo M&F lo hicieron. 

La idea, sin embargo, perduró en espíritu, o se le volvió a ocurrir a otra persona, que es un poco lo mismo. En 1990, El Periódico de Mortadelo abría y cerraba el Súper Mortadelo de B en su tercera forma (1990-1994), escrito e ilustrado por el incombustible Ramis.

El Periódico de Mortadelo, de Ramis, 1990.
 
Sección sin título concreto (yo la llamaba "página salmón") en El Jueves de 2015. Duró unos tres meses. Debe muchísimo a la de Ramis.

¿Debería preocuparme, como autor de tremendas turras en una revista de monigotes, el sino efímero de The Mogollon News? Creo que no. La verdad es que en un tebeo con Ibáñez en su máximo esplendor es muy difícil competir por la atención de los lectores. Ya dibujes, escribas, o hagas malabares con motosierras, si en la misma revista Ibáñez está haciendo El cochecito, leré, buena suerte. Esto en ningún caso desvirtúa a la competencia: Jan, por esa época, estaba pariendo La gran superproducción. ¿Qué? ¿Os parece un mal cómic? ¿Sois el señor que grita "esto es una birria" entre los aplausos del público enloquecido?

Jan: La gran superproducción. 1985.

En mi opinión (quizá distinta de la que predomine en los pasillos del mundo editorial), los rellenadores de revistas no competimos. Estamos ahí para que haya un poco de todo. Y cada uno hace lo que sabe hacer. Yo decidí ya hace unos años que escribía mejor que dibujaba, y a consecuencia de ello, en efecto, mi sección en El Jueves es menos llamativa, pero honestamente creo que la calidad de mi trabajo, medida en risas por página, no ha bajado; al contrario: digo más burradas que nunca. Y sí, mi yo prepúber fliparía más con los dibujos de Ivanper, no lo dudo. Pero Ivanper es la Coca-cola; yo soy la gilda. De pequeño, sólo me gustaba la Coca-cola. Hoy me gustan las dos cosas. 

miércoles, 29 de octubre de 2025

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Mortadelo, 1985. En can Cefa sabían hacer juegos de mesa. Y vendértelos.  

martes, 21 de octubre de 2025

Domènec - El vecino de abajo

Este de la izquierda es uno de los primeros Mortadelos que leí. Octubre de 1984. Recuerdo que, pese a mi tesón y buena voluntad, necesitaba la ayuda de mis mayores para leer la historieta del personaje titular. Un plot twist inesperado: años después me di cuenta de que esa historieta, titulada "¡A por la favorita!", era apócrifa. Hoy sospecho que es de Lourdes Martín. Típico de mi generación: mi primera historieta de Mortadelo y Filemón no era de Ibáñez. Es más: mi primera historieta de Mortadelo y Filemón la hizo una mujer. Cuarenta años más tarde, soy gay. Gracias, Bruguera. 

Página de ¡A por la favorita!, de autor indeterminado. 

La revista Mortadelo de esa época, con su logotipo característico y con gag en la segunda o, no en la primera, llega al kiosco nada más empezar 1984. Es el fruto de refundir las antiguas cabeceras Mortadelo y Súper Mortadelo en una sola, PERO continuando la numeración del Súper Mortadelo, porque pa qué hacerlo simple pudiendo hacerlo complicado. Dicha fusión de revistas era un claro síntoma del otoño del imperio Bruguera. En 1985, Ibáñez y Raf abandonarían el barco para irse a Grijalbo, y en 1986 Bruguera echaría la persiana. Nótese, sin embargo, que ese número de arriba aún es del 84; Ibáñez todavía estaba en nómina. Entiendo que si no hizo él la historieta de M&F es por la baja por una operación de cervicales a la que se sometió con sólo 48 años. Recuerden, niños: antes de una sesión de dibujo de veintiséis horas, ¡hagan sus estiramientos!

Página 3 del mismo número, dedicada a la convalescencia de Ibáñez.
Staff del n.º 200, 1984.

Lo de que la portada aluda a la operación, un tema de tan rigurosa actualidad y a la vez tan interno, es uno de esos detalles que hoy hacen esta época de Mortadelo tan entrañable a mis ojos. Otro detalle es la aparición frecuentísima del director Armando Matías Guiu en las portadas. La huella de Matías Guiu, de hecho, es ineludible; a diferencia de sus predecesores, limitados a mezclar masilla, él escribe y firma sus colaboraciones, como el famoso Diálogo para besugos. Preside el staff de la página 2, repleto de gags y que me recuerda al de El Jueves en la misma época. Se emplean menos rellenadores, pero se les da mucho peso (March hace hasta nueve páginas semanales, entre Tranqui y Tronco y El Mini-rey). Muchos autores (Escobar entre ellos) se acostumbran a dibujarse en los márgenes de sus páginas. La sección de pasatiempos, "Rómpete el Coco", incluye cameos de autores y personajes. Es una revista, en definitiva, que enseña la tramoya, mostrando entre sus páginas una redacción familiar y casadepútica, lejos del corporativismo de la Bruguera franquista. Si esta imagen es auténtica o impostada, no lo sé; sé que es divertida. Abundan las puyas entre autores: los humores de Ibáñez y de Matías Guiu, en particular, ácidos e hiperbólicos, casan a la perfección; performan un duelo hilarante de egos grotescamente hinchados que es muy difícil no leer como pura sátira. Y sin embargo, el conflicto existía: la ruptura Ibáñez-Bruguera era inminente.

No sé. Quizá quiero ver en este Mortadelo la redacción en la que me hubiera gustado trabajar. Quizá hasta lo era. 

A mi yo de los ochenta, por supuesto, todos estos gags de editores despóticos y dibujantes explotados le pasaban bastante por alto. A esa edad, la diversión entra por los ojos. Pero es que también había mucho en ese Mortadelo que me entró por los ojos. Exempli gratia: esta página que tiene piso en mi cabeza desde 1984. Desde mucho antes de entenderla.

En el momento de empezar este artículo tenía dos (2) entregas de El vecino de abajo, de Domènec. Creía guardar una tercera, que no he logrado encontrar; en un mercadillo compré dos más. No sé si son bastantes para comprender enteramente la premisa de la serie, cuyo tema central, obviamente, es el infierno, pero que en algunos episodios también es literalmente "el vecino de abajo": las viñetas superiores parecen habitadas por gente normal en pisos normales, mientras que las inferiores siempre las pueblan demonios y condenados, como si el infierno se hubiera trasladado a los bajos de un edificio. Ni los demonios ni los condenados ni el resto de vecinos tienen nombres, que yo sepa, pero son recurrentes. Debe de ser de la pocas series en Bruguera que no llevan el nombre del protagonista, salvo en forma de eufemismo.

La temática es indiscutiblemente rompedora. No me he molestado en investigar si hubo precedentes de humor teológico en Mortadelo, pero conociendo aquella historia de que a Ibáñez le censuraron por blasfema la parodia del Dr. Frankenstein en 13, Rúe del Percebe, voy a jugármela y asumir que la Bruguera de los setenta no hubiera tolerado una historieta con la premisa "infierno pero gracioso".

Pero no sólo la premisa es atrevida: narrativamente Domènec también es original, porque las historietas no son estrictamente secuenciales. Más bien (como en "13 Rúe", o incluso como las viñetas post-partido de Óscar Nebreda en El periódico) todo ocurre a la vez. La historia se ordena por "pisos", o incluso por "habitaciones" (grupos de personajes), no por viñetas. Aun así, los diálogos están pensados para leerse en el orden natural, es decir, acabando siempre con el vecino de abajo. Todos acabamos ahí.

Es una historieta difícil. Ambiciosa, también. Muy característica de esta revista que empieza a probar cosas nuevas.

Página del n.º 217. Podría ser la última entrega, pero no lo fue. Hubiera sido dejarlo muy en alto, y nunca mejor dicho.

No soy el primer tebeólogo en interesarse por la figura de Domènec, que sólo emerge en las revistas de Bruguera/B durante un breve periodo en los ochenta. Su ficha en Tebeosfera es un páramo, y además le atribuye alguna obra equivocada, como unas viñetas recogidas en la antología Any d'estelades, que en realidad son del periodista Fran Domènech. Si nos fiamos de la Comiclopedia, entonces probablemente Domènec es Valentí Domènech (L'Hospitalet, 1949), mayormente asociado con Comicup, un estudio gráfico que dibujaba cómics Disney en Europa. También trabajó en animación: he flipado al ver que tiene un crédito en una de mis series favoritas de la infancia, Count Duckula.

"Valentin Domenech" en los créditos de Count Duckula (1988-1993). Me ha hecho mucha ilu encontrar esto.
Insisto: no estoy 100% seguro de que sean la misma persona. Entre otros motivos, como me apunta el colega Kap (gràcies, maco), porque es raro que en Bruguera/B su apellido siempre pierda la h. Idealmente, compararía firmas, pero todo lo dibujado para Disney va sin firmar. Si es él, pues estamos ante otro artista tremendamente versátil, cualidad frecuente entre los rellenadores. Y por edad, también concuerda: "El vecino de abajo" encaja con un autor de unos 35, con mucho oficio ya a la espalda pero también lo bastante joven para querer innovar. 

"Heliotropo" en la contra del n.º 217. Yo tampoco entiendo el chiste del pie. Cuarenta años después, Mortadelo sigue desconcertándome a veces. 

No he encontrado una sola página de la otra serie de Domènec más recordada entre los foreros, "El futuro es ayer". Sí tengo sendas páginas de otros dos personajes suyos: "Heliotropo, el espía", de la misma época que "El vecino de abajo", y una sección de pasatiempos titulada "Los problemas de Margarito Neuras", en un Pulgarcito de 1987. Después de ese año, su firma desaparece de los tebeos. Quizá la experiencia en la escuela Bruguera no le dejó buen sabor de boca. (*Voz de Matías Prats*) Podríamos decir que fue un... infierno.

Es una lástima, porque era original, era llamativo, y merecía trabajar en un barco que no se hundiera. De hecho, gracias a gente como él, el barco que se hunde me parece tan interesante que ya os digo ahora que los próximos tropecientos posts en este blog vendrán de esa época. El decline and fall de Mortadelo. Es la revista que yo haría.

jueves, 2 de octubre de 2025

¡Alucine, vecine!

El post de hoy va de que el otro día encontré este tebeo en una pila de mierdas viejas que tenía el kiosquero de la esquina y me dije "mira, de esto saco un post". No hay más.

Alucine ("Más allá del suspense") fue una revista quincenal de corta vida, de lo que en este blog hemos venido a llamar "series serias". No eran estas la especialidad de la escuela Bruguera, que para la cuota de cómic no humorístico en sus revistas solía tirar de material traducido. Sin embargo, en 1984 a la editorial le dio por salirse de su zona de confort y lanzar múltiples cabeceras de cómic pulp, de puro género: western, fantasía, ciencia-ficción... Ninguna duró mucho. La mayor parte eran material importado, aunque Jan Europa, por ejemplo, continuaba las aventuras del personaje creado por Edmond (Edmond Fernández, Barcelona 1938) que ya habían salido de relleno en tebeos de risa. (Glénat recopiló todo Jan Europa en 2009.) 

Anuncio de "Cómics Bruguera" (no "historietas", ojo) en un Mortadelo de 1984. El imperio se reinventa.

Bruguera ya estaba aquí en sus últimos estertores. Y se notaba un poquitín. Los nuevos "cómics Bruguera", de diseño muy inspirado en los comic-books estadounidenses (las portadas son, con diferencia, lo mejor), surgían en respuesta a la relajación de la censura en la Transición, pero sobre todo eran un intento de explorar nuevos mercados cuando las revistas de humor ya estaban de capa caída: DDT y Din Dan ya habían cerrado, Tío Vivo y Pulgarcito aguantaban pero daban sus últimos coletazos, y las distintas cabeceras de Mortadelo se habían refundido en una. En este Mortadelo, el primero que en mi casa me compraban à moi, mi tierno yo de 4-5 años flipaba con los vistosos anuncios de Alucine, que nadie tuvo a bien regalarme porque ya me daría sustos la vida, supongo. 

He tardado apenas cuarenta años en descubrir lo que la revista contenía. ¿Valió la pena la espera? Hombre, sí, porque entretanto se ha inventado Internet. Imagínate leer Alucine y no tener un blog donde explicar lo mala que es.

No he hojeado nunca un número del Tales from the Crypt de EC Comics (1950-55), pero entiendo que ese era el norte magnético de Alucine. Mejor dicho: ese era el norte magnético de un tebeo alemán, Gespenster Geschichter, fundado en 1974 por la editorial Bastei-Verlag en Colonia, y del que Alucine era una mera traducción (también lo eran las revistas Tex Norton y Bufalo Bill.) Cada número (hubo once) recogía cuatro historias cortas. Todos ellos se recopilaron más tarde en tapa dura, estilo Súper Humor. Súper Horror.

Viñeta de Tomás Marco.

Irónicamente, de los cuatro autores acreditados en el número que yo he comprado, tres eran hispanos: Pablo Zahlut (argentino), Tomás Marco (Badalona, 1929-2000) y un tal Roca, al que no he identificado pero cuyo nombre me suena más de Riudellots de la Selva que de la Selva Negra. No deja de tener guasa que tres dibujantes que probablemente intentaron publicar en España, en un mercado dominado con mano de hierro y nariz grandota por la escuela Bruguera, tuvieran que irse a trabajar a Alemania en los setenta, y luego, en los ochenta, Bruguera estuviera traduciendo sus tebeos en un intento de salvar el imperio. 

Viñetas de la historia titular, arte de Zahlut. Me desconciertan profundamente los textos, que no sé si eran así en el alemán original. ¿Por qué una abeja gigante, quitándose la máscara, dice "detrás de la máscara hay una abeja gigante"? Ya lo sé, abeja gigante. Te estoy viendo. Es la magia del cómic. No soy gilipollas, pese a lo que mis lecturas den a entender.
Pero que las reflexiones vayavayistas no nos distraigan de lo importante: ¿las historietas eran buenas? No. A juzgar por las cuatro que tengo, eran bastante lamentables. Pero en su defensa debo decir que daban lo que prometían. ¿Abeja gigantesca en la portada? La tendrás también (peor dibujada y coloreada, eso sí) en las páginas interiores, que me recordaron, por cierto, a este episodio clásico de televisión. Asumo que en el número anunciado más arriba, el del esqueleto saliendo del carruaje que tanto me fascinaba, la historia también estaría a la altura de la portada. 

Esa honestidad es rara hoy en día. Ya he hablado alguna vez de lo que me costó en su día encontrar historias de terror que me dieran lo que Scooby-Doo me enseñó que era el terror: calaveras sonrientes y castillos tenebrosos. No tensión social y matrimonios distanciándose. Métase su crisis de los cuarenta por el culo, señor Terrorpsicológiquez: yo he venido a alucinar, ¡y a fe mía que Alucine, de tener yo 4-5 años, lo habría conseguido!